viernes, 8 de junio de 2018

Morderse la lengua es autoenvenenarse

No sé en qué idioma escribir que las palabras también pueden doler si nacen en una boca envenenada.
No sé con qué palabras definir ese veneno que se forma en las tripas y a veces, poquito a poco, va exterminando mariposas...

No sé por qué las mariposas decidieron dejar de ser gusanos; no sé qué cruel destino o dios atormentado quiso cruzar en sus caminos aquel par de ojos brillantes que, incluso a lo lejos, sabían decir más que las bocas envenenadas de tantos otros, pero un día una mano ajena se tendió por mi garganta y al llegar al estómago hizo claudicar a cada mariposa de colores que crecía en su interior. Y yo, expectante, vi cómo salían una detrás de otra por la misma boca que por momentos se me llenaba de veneno.

Desde entonces las mariposas no han vuelto a ser las mismas, y hoy, que ya no habitan estas tripas ni tampoco buscan hogar, las he visto desde mi ventana revoloteando la única flor marchita de esta primavera. Sus alas han teñido los pétalos de púrpura y me han invitado volando en morse a salir a respirar.
Y yo me he quedado quieta. Yo, que de niña tenía terror a las arañas, ahora solo quiero que las mariposas me dejen tranquila.
Porque esa boca envenenada todavía no ha dejado de clavarme los colmillos.
Y a mí nadie me asegura que esas crueles mariposas no recuerden el camino de vuelta...

martes, 1 de mayo de 2018

Onírico

El suelo está lleno de cristales. Camino arrastrando mis pies descalzos tratando de evitar cortarme. No sé qué ha pasado. Tiendo la mano hacia él. Me mira, con ojos tristes. Me llega olor a vainilla, a perfumes conocidos que me trasladan a ciudades lejanas repletas de recuerdos, de terrazas, de bares, de flores. Y re-siento todo como tantas otras veces.
Tiendo mi mano todo lo que puedo, y sé que mis ojos ruegan más que mi propio cuerpo. Él me mira como si una fuerza superior le estuviese amarrando a la nada donde se encuentra. Y yo grito, me retuerzo, salto sobre los cristales y me veo reflejada en el espejo roto del techo.

Y cuando vuelvo a mirar, me da la espalda. Dice que no me puede ver así.  Y yo me quedo quieta. Ni siquiera pestañeo. Mis ojos ruegan aunque no me mire.
Se aleja. Todo lo que puede. Pero parece que algo le amarrase también a mí. Se da la vuelta, me mira. Dice que no se puede ir.

Le digo que ya lo sé. Que yo tampoco.

viernes, 26 de mayo de 2017

A nadie le importa no entender porque suena bonito.

Olor a césped recién cortado. Évoco de la infancia. Postillas en las rodillas. Pestañas empapadas. Zapatos de belcro. El tul de un vestido azul turquesa. El humo de un café recién hecho. 
El tiempo pasa y toda la nostalgia se aferra a mis pupilas para contarme que esas imágenes son solo el pasado y que mi presente también lo será. Que ya lo es. Lo somos. Un jodido recuerdo.
Jaguar y gato.
Como en todos los inicios: de Orígenes. De ojos que ya formaron parte de algo porque todo ha formado ya siempre parte de alguien. De átomos y del big bang. Y de raíces. Quizá también de sabor.
Pies de arena. Amores de sal. Veranos de vino. Canciones de verbena. Bailes de alcohol. Una estación de tren que huele a despedida. Y también a siempre.
Y después la plaza de una ciudad alegre. Una foto borrosa. Cerveza en el vaso y risa. Rosas en las terrazas. Tropiezos una y otra vez con la misma jodida piedra. Humo verde. Caramelos de colores. Sabor a sangre en la boca. Un adiós en las yemas de los dedos. La misma plaza se vuelve sinónimo de tristeza. No querer olvidar. Tener mala memoria y acordarse de todo. Imposibilidad de selección pero elección constante. No elegir: preferir.
Días de tinta, de barro. Que se borran, se deshacen. De no sentir nada porque sientes demasiado. De ausencias y faltas que ya qué más nos dan.
De mentirnos en la puta cara: "todo bien". Y de hacer como que me lo creo.
De kilómetros que salvan en lugar de salvar los kilómetros.
Y otra vez de mala memoria. Y mucha tinta que se esfuma y muchos días de barro que se me deshacen en las manos.
De olas que jamás llegaron a puerto. Que no desembocaron en ninguna orilla. Que jamás sintieron las pisadas porque alguien prefirió mantenerse al margen. Alejarse. Huir.
Y yo volví a confundir mi camino con su huida. Y sin embargo...

jueves, 26 de enero de 2017

22 Enero. Los ojos no son el espejo de nada.

Hoy me han venido a la cabeza todas las razones que me faltan y toda la pena que me sobra.
Creedme: soy un vacío monumental.
No dejo de analizarme. De buscarme las raíces. De buscarme en el barro. Tengo anclada a las orejas la canción más triste que he escuchado últimamente y me siguen faltando razones por las que llorar. Pero lloro.
A ríos.
A mares.
Y no me limpio: me convierto en desagüe, en marea, en arrecife. Y la soledad me arrastra de los pelos hasta una orilla que jamás será la mía. A una isla de paz y de calma que me angustia porque yo sólo necesito ruido. Baile. Desastre. Ciclón.

Tengo en las entrañas todas las desgracias que encontré en cada introspección porque cada vez me calan más adentro y no soy capaz de resurgir de mis cenizas.

Supongo que no estoy tan mal después de todo. Que sólo es una racha; un conflicto interno que por definición es irrelevante; ¿qué más da la guerra si se lleva dentro? ¿a quién le importan tus pedazos si te ven entera? Por eso os digo que no: los ojos no son espejo de nada. Como mucho la mirada. Y casi nadie sabe mirar...


sábado, 15 de octubre de 2016

sueño inmarcesible (V14 Oct. 00:42a.m.)

Hoy traté de entender cómo funciona todo esto:
mi vida se siente inmarcesible
porque cuelga de las pestañas de unos ojos
que han dejado de parpadear para mirarme dormir.

He aprendido a apreciar cada detalle
en cada gesto:
cómo tu labio inferior se curva para decirme sin palabras
que no sabes muy bien qué responder.
Cómo tus ojos se abren todo lo que pueden
cuando no quieres reconocer que no me entiendes.
Cómo apartas la mirada cuando te ríes
y cómo me pongo cuando te ríes...

De verdad que no entiendo qué cojones me ha pasado;
han florecido tulipanes en mis entrañas
y me he llenado de mariposas.
He absorbido todas las ganas por los poros y me he quedado quieta.
Tanto que puedo sentirte
tres veces por cada latido.

Desde que somos
los días los moldean tus palabras.
La luz me molesta más a los ojos
y me duermo para poder verte mientras sueño.
Y sueño.
Todo lo que puedo. Todo lo que me dejan. Todo.

Pero
lo mejor de todo
es que las noches han dejado de pedirme que huya.
Ya no les dan miedo los fantasmas y la oscuridad.
Se han llenado de canciones tristes que te traen cuando me faltas.
Y cuando estás, toda esta nueva sensación...
no sé en qué me has convertido pero no te vayas.

Ahora
puedo decir que me gusto porque
soy capaz de mirarme
con tus ojos.

Resumiendo:

el deseo
que nunca se marchita
de seguir
eternamente
siendo nuestros.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Déjà vecu-déjà senti

Todavía no sé muy bien dónde estoy. Huele a mar y a vida y sólo se escucha el ruido de las olas.
Respiro.
Resurjo.
Resucito.
La arena fría en los pies como remedio para casi cualquier enfermedad.
Se nos han calmado las aguas y es de noche; baja la marea y me quedo a oscuras.
Silencio.
Silbidos y viento.
La brisa y la ausencia de prisa; contradicciones de costa que hacen que todo parezca más fácil.
El mundo vuelve a ser un lugar mejor;
Recupero la fe.
Vuelvo a estar en paz porque ya sé lo que me falta.

Ya lo dijo Cortázar: nadie elige la lluvia que le va a calar hasta los huesos al salir de un concierto.
Yo estoy calada y tú has vuelto a llover.
—Gracias; menos mal.
Y no dejes de hacerlo nunca.

sábado, 2 de julio de 2016

Viaje de vuelta

Me fui porque no sabía si tú eras razón o excusa para quedarme.
Porque resonó en mi cabeza el grito mudo de un alguien que podría ser yo en un futuro rogándome auxilio a mí misma: tú que puedes, márchate.

Y en un alarde de todas mis victorias -como quien sólo vive de glorias pasadas- supuse que marcharme sin dar más explicación que sentirme fuera de lugar era la muerte más digna o quizá sólo el 'fin' menos cruel para los espectadores.

Y ahora me debato entre el orgullo de quien sabe que se ha equivocado pero no se atreve a renunciar a sí mismo por alguien más, y las ganas que tengo de volver a besarte los párpados cuando me sueñas.

Este es sólo mi quincuagésimo viaje de vuelta.
Las peripecias de una nueva partida hacia el lugar de origen.
La heroicidad que es tal sólo por acometerla un cobarde.

Y mis inmensas ganas de volver...

lunes, 27 de junio de 2016

I m p r e s i o n i s m o s

Deja de llover y a mí se me agotan todas las prisas con las nubes;

No sé si paradójicamente las cenizas me han desempolvado el corazón o si realmente nunca llegó a extinguirse el fuego.
Sea como sea hay algo en mí que ha vuelto a ponerse en marcha.

Y tú y yo, estáticos, supimos hacer de la noche una noche invencible.
Como las catedrales de Monet, nos volvimos policromáticos y nos olvidamos del correr de las agujas del reloj.

Quizás sea el alcohol pero no puedo ni quiero irme nunca de ti...

jueves, 5 de mayo de 2016

Planeador.

El poeta Halley ha venido planeando esta noche hasta mi cama para recordarme que el viento lo pone todo en su lugar: me ha dicho que me suelte. Que me deje. Que me olvide. Que me abandone...

Y después ha respirado como si fuese la última bocanada de aire para sus pulmones y ha vuelto a pronunciar la palabra mágica: hogar.

Y con su aliento en mi nuca he despertado de esta perfección onírica que me ha llenado los ojos de alegría.

Hasta esta noche, y hasta la próxima.

Porque cuando oscurece los poemas de bocas ajenas se vuelven un poco nuestros y nos cuentan justo eso que nos da miedo decirnos en alto...

sábado, 9 de abril de 2016

Des-dibújame las alas.

Hay vidas desdibujadas que son principio y final de historias que nunca llegaron a ser.
Hay caras que se pierden en las memorias de esos a los que nunca les importa nada.
Hay rostros tan sinceros que dicen más que las palabras que no llegan ni llevan a ninguna parte.
Hay verdades desangradas con varias copas de más y alguna excusa de menos;
Verdades que nos hacen arrepentirnos pero nos liberan el alma y los sentidos,
y volamos.
Y todas esas personas a las que nunca les importa nada son esta vez quienes se arrepienten.
Y empiezan a buscar sus alas y se dan por vencidas cuando ven que se las quemaron los mismos que antes les habían dado de comer.
De verdad que no espero que entendáis nada;
Ni me dais de comer ni me quitáis el plato.
Atentos:
Mirad cómo vuelo.

lunes, 18 de enero de 2016

Racionalmente inexistente pero vitalmente deseable

Machado ya supo verte así; quiso igualarse a Unamuno en su faceta más existencialista cuando intentó hablar de ti pero no supo ponerte nombre; habló de un Dios tan inexistente racionalmente pero tan vitalmente deseable...

Juan Ramón Jiménez dijo que la poesía sólo podía responder a tres impulsos; sed de belleza, ansia de conocimiento y anhelo de eternidad. Qué jodido genio. Qué bien supo describirte sin saber de ti,
hermético e inefable. Eternamente inmortal. Irremediablemente tuyo.

Y yo mientras tanto tropiezo cien veces con la misma jodida piedra.
Joder.
Que alguien me salve para siempre de esta mierda y tu veneno; que Vetusta amortigua la caída y el dolor cuando estos poetas me abren las heridas que ya creía curadas, pero todavía no ha sabido enseñarme a aterrizar...

domingo, 20 de diciembre de 2015

Émotionnellement; je sais pas

Darle un giro de 360° a tu vida
te deja exactamente en el mismo lugar.
Dicen que en el medio está la virtud
pero siempre hay algo
o alguien
que me recuerda
lo bonita que le queda la tristeza
al dolor de no saber quién eres.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una historia que no empieza tampoco termina

Te miro y no sé qué cojones nos pasa.
Por qué esta necesidad de ausencias
por qué cada palabra que me callo.

El por qué de cada oportunidad desperdiciada.
Por qué no nos dejamos ser felices.

Tengo el alma medio rota y las costillas desencajadas me gritan que a veces haces más falta dentro que fuera.
Sigo sin entender el por qué de esta derrota, esta renuncia a mitad de la partida que nos mandó a tomar por culo con la delicadeza del amor a medio construir en los ojos de quien cambia la libertad por la tristeza cuando llora de dolor y de rabia.
Nos hemos vuelto presos de nuestras propias miserias. Hemos costruido un muro entre nuestros cuerpos usando como única arma para la que no fue nuestra victoria cada desgracia compartida hasta el momento en que el ciclón nos arrastró hacia el abismo.

Para quien quiera entender, esta fue la historia que antes de empezar, dimos por terminada. Pero se quedó clavada y duele más que una espina en el centro del dedo corazón.
Porque una historia que no empieza, tampoco termina. Y porque tampoco nos gusta despedirnos.




jueves, 4 de septiembre de 2014

Puntos de sutura a tus finales

últimamente sólo sé escribir si tú eres mi razón
sólo si me duelen los recuerdos
si las ganas me arañan el alma
(las mías
de verte
y las que a ti te faltan)
sólo si vuelves
en tu metamorfosis
a dolerme y hacerme añicos


Y nada. Yo qué sé. Me chirrían los dientes cada vez que pienso en olvidarte. Y mientras, las cicatrices que hace tiempo dejaron de doler, echan de menos que vengas de vez en cuando para volver a abrirse, para descoserse. Tus puntos de sutura jamás han sido. Así, sin adjetivos. Punto.

sábado, 5 de julio de 2014

A ver si aprendo de una vez que los cristales no solamente se empañan por el frío...

Una vez conocí un gato pardo que saltaba por las cornisas, se colgaba de mis cortinas y me arañaba el corazón. Entraba por mi ventana maullando que me quería y que había dejado sus libros para leerme a mí. Yo le preguntaba si podía leerme entre líneas y él me contestaba que sólo si había llovido y la atmósfera estaba limpia. Jamás lo entendí bien pero era el típico acompañante que echas de menos los ratos que te deja y te toca leer sola. Supongo que me gustaba que me clavase las uñas porque cuando se iba podía acariciar la cicatriz a medio curar y sufrir un poquito. Así encontraba paz e inspiración y podía escribirle. Decirle que sus libros jamás le entenderían como yo y que mi ventana iba a romperse en cualquier momento. Hacerle saber que si llamaba a la puerta le abriría y que jamás le dejaría irse. Decirle que no sabía cómo ni por qué pero las heridas que me hacía sólo se curaban con sus lametazos. Decirle, también, que mi suerte había desaparecido y que necesitaba que me regalase tréboles de cuatro hojas en lugar de flores. Jamás me había regalado flores pero supongo que pedirle que cambiase mi suerte era la mejor forma de empezar... Quería descubrir canciones nuevas y que no se lamentase tanto, decirle que tenía algo muy bonito entre los dientes, que me sonriera y que me hiciera cosquillas con sus bigotes. Quizá fuera pedirle demasiado. Quizá un gato no fuera tan complicado como yo y saliera corriendo. Así que decidí tragarme mis maullidos malheridos y esperar que él tomase la iniciativa,entrase por mi puerta y se acurrucase junto a mí tras un par de ronroneos tristes. A la mañana siguiente me leería un par de versos y mis costillas volverían a cerrarse con dos corazones dentro; el mío, y el suyo, minino.