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domingo, 20 de diciembre de 2015

Émotionnellement; je sais pas

Darle un giro de 360° a tu vida
te deja exactamente en el mismo lugar.
Dicen que en el medio está la virtud;
pero tú siempre estás en medio.

Porque siempre hay algo
o alguien
que me recuerda
lo bonita que le queda la tristeza
al dolor de no saber quién eres.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Tristeza - Iván y Amaro Ferreiro


Sé que no suele pasar
pero
ya no sólo me ronda la muerte:
ahora también me baila la esperanza.

Me cuenta que
a veces,
es verdad que vuelves.
Que me llenas de colores
y rompes los relojes que me atan
al camino.


Y las raíces que hoy nos faltan
nos hacen ser casa
y arraigan 
como abriéndose paso la vida
donde más devastados estamos
y más joden las cicatrices.

Y también 
no sé qué sobre que el amor
cura
mata
jode
altera
remueve
baila
sangra
canta
ladra
hiere
y
arde.

Supongo que por eso 
a veces
en esta guerra interna de no saber qué hacer conmigo
ni por mí
o contigo
viene un ciclón de fobias y filias
que me vuelve feliz y triste
y que joder
sabe igual que tú

Y qué miedo.
Y qué bien.

(Supongo que muchas veces me repito; que colmo estos vacíos
con las mismas palabras absurdas que quizá no entienda ni yo,
pero es así como siento. Así de feo; o así de real. 
Y no cambio. No me cambias
Menos mal.)

sábado, 14 de noviembre de 2015

13 de Noviembre.

Hoy el mundo se ha despertado con los ojos bañados en sangre.
Matando a expensas de un Dios que predica el amor.
Creando excusas para imponer los ideales a la fuerza de las armas.
Tengo 17 años y las manos llenas de miedo y de rabia por ver lo que estamos creando. Impotencia.
Llamadme ingenua, por favor: aún creo en la humanidad.
Aunque pierda un poco de fe cada vez que me dicen que nada puede conseguirse por las buenas.
Desde aquí reivindico por la libertad. Por la paz.
Haciendo una apología de la vida. De dejarnos ser. De darse la mano. De dejar de hacer del mundo una trinchera.
Y me niego a claudicar.

No sé cuál es la solución pero sí sé que este no es el camino.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Mismos lugares y mismos vacíos: mis prioridades también siguen siendo las mismas

El frío me resquebrajaba los huesos bajo la piel y sentí la necesidad de que el calor de alguien con las mismas tristezas que yo me inundase de arriba abajo.
Me vi reflejada en el cristal del local de siempre, con los labios del color del vino (no tengo claro si del frío o del carmín), los ojos tristes y las medias rotas. Rehusé varias veces hasta que me decidí a entrar: el mismo jodido local de siempre, las mismas putas caras y el mismo café. Me senté en uno de los taburetes de la barra y traté de hacer una señal al camarero que se acercó poco después.
-¿Lo de siempre?
-Supongo
Qué asqueada estoy, joder. Me siento fuera de lugar aunque esté donde Siempre estoy y se supone que debería estar...
Café con hielo en pleno enero, sí; jamás me ha gustado el verano y jamás he tomado por mía la costumbre de asociar las cosas con las estaciones: yo quiero café y lo quiero con hielo; Jamás entendí que se le echase la culpa al invierno del frío que se siente inlcuso en agosto...

Cuando el joven camarero trajo mi café con leche, apagué el móvil y lo vertí en el vaso con los hielos. Le di un par de tragos y me dejé sentir el sabor amargo pero edulcorado del frío en la garganta, que me hacía sentir un poquito más en casa o quizá sólo un poquito más yo.

Agarré el servilletero y me percaté del mensaje escrito a mano en una de las servilletas de papel: "Sin amor todos los besos son el mismo". Entonces pensé en cuánta gente ni tan siquiera se habría dado cuenta y la cifra me asustó. Y así funciona todo últimamente: a nadie le importa nadie y tampoco se fijan en nada.
Estamos tan heridos,
tan solos,
tan jodidos,
que nos hemos creído el cuento de que es mejor no esperar nada de nadie,
porque si amas
siempre
termina doliendo.

Y que alguien me explique a mí
cómo cojones no va a doler no amar.

Si vivimos de lo que amamos, 
somos de quien nos cuida, 
bebemos para olvidar 
lo que nos dejó

Jodidos cabezas huecas. 
Que a mí no me vengan con cuentos.  
Que yo ya le he visto las orejas al lobo.
Ya sé cómo es el rostro del diablo cuando no te quieren.
Y ya sé cómo son las alas que te convierten en ángel
cuando alguien te guía los pasos 
en la dirección correcta.

Cogí mi pintalabios y tras pagar el café entré en el baño y escribí con él en el espejo:
"Ama porque es lo único que puedes hacer que valga la pena".

A veces tienen que darnos de bruces con la realidad porque no somos capaces de verla por nosotros mismos.
Y quizá esté equivocada, dolida o infravalore tantas otras cosas que a lo mejor deberían importarme más, pero qué queréis que os diga. Vivo agusto en esta soledad de saberme libre y mía, porque ya sé qué nombre lleva este vacío de que no me quieran como yo quiero, y la única forma de acabar con él es sabiéndome real e independiente, a pesar del dolor: porque esto es la vida y si no amas estás muerto.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una historia que no empieza tampoco termina

Te miro y no sé qué cojones nos pasa.
Por qué esta necesidad de ausencias
por qué cada palabra que me callo.

El por qué de cada oportunidad desperdiciada.
Por qué no nos dejamos ser felices.

Tengo el alma medio rota y las costillas desencajadas me gritan que a veces haces más falta dentro que fuera.
Sigo sin entender el por qué de esta derrota, esta renuncia a mitad de la partida que nos mandó a tomar por culo con la delicadeza del amor a medio construir en los ojos de quien cambia la libertad por la tristeza cuando llora de dolor y de rabia.
Nos hemos vuelto presos de nuestras propias miserias. Hemos costruido un muro entre nuestros cuerpos usando como única arma para la que no fue nuestra victoria cada desgracia compartida hasta el momento en que el ciclón nos arrastró hacia el abismo.

Para quien quiera entender, esta fue la historia que antes de empezar, dimos por terminada. Pero se quedó clavada y duele más que una espina en el centro del dedo corazón.
Porque una historia que no empieza, tampoco termina. Y porque tampoco nos gusta despedirnos.




martes, 15 de septiembre de 2015

Septiembre es un aviso de derrumbe

(1de Septiembre de 2015; supongo que me duele todo lo mismo pero en distintos sitios)

Hoy es Septiembre y vuelve lleno de dudas y despedidas. Ha traído consigo todas las ganas de cambio que me quedan; ha teñido de tonos rojizos mis veranos y ha deshojado las ramas que conectan mis sentidos con todos los recuerdos que me trae el calor de esta estación estival y devastadora.

Supongo que si me gusta tanto es porque, en parte, me acerca un poco más a mi añorado Diciembre, donde las heridas cicatrizan mejor y mi frío se camufla con los cristales llenos de bao y el humo de los coches que, conducidos por gente que no sabe muy bien lo que necesita, va al trabajo cada mañana y se siente vacía.

Supongo también que es un poco eso lo que me pasa últimamente; me siento fuera de lugar, como si fuese la última pieza para completar un puzzle y aun así no encajase en ninguna posición. Y a lo mejor no es a mí a quien hay que cambiar, quizá sólo haya que devolverle las luces a esta ciudad, y quizá despejar de pájaros y de mariposas las mentes y los estómagos de sus habitantes no sea la solución. Quizá tiendan a confundir verano con libertad, olvidando que no hay nadie más libre que el viento. Olvidando que no hay colores más bonitos que los de la primavera, ni calor más reconfortante que el que llega después de Enero...
Joder, olvidando que, las peores heridas son las que provocan las despedidas de Septiembre, pero que es él mismo quien, con sus manos frías pero acogedoras, pone puntos de sutura y de final para que cicatricen.
Y en Diciembre ya nadie tiene los mismos vacíos.
Y quizá tampoco nos sintamos plenos, quizá sigamos jodidamente llenos de ausencias y vacíos existenciales, pero nos renueva. Pone un toque de color en cada marca de tristeza ¡y chas!, hace que odiemos tanto el frío que se nos olvida cuánto nos ha jodido el sol.
Septiembre es un aviso de derrumbe.
Una advertencia que te obliga a tomar las riendas de tu vida porque si no, estás muerto.
Y así, un poco, nos salva.
Se cubre de nubes y de niebla y se echa las culpas encima. Y el sol, cobarde, se esconde. Oculta su cara más oscura y nos deja solos. Pero a mí, a mí el frío no me abandona nunca.

Por eso me gusta Septiembre. Por eso he nacido en él.

Ves: tan pronto puedo escribir que eres el Agosto más bonito que me ha inundado nunca, como contarte que sólo Septiembre (y el frío; próximamente) puede devolverme todo lo que me quitas cuando te acabas

lunes, 31 de agosto de 2015

Sobre cuando el verano -y la revolución- está dentro de uno

La cruda realidad de saberse con el agua hasta el cuello por haber tomado la decisión de exponer los sentimientos a flor de piel a todo lo que me recuerdas una maldita noche de agosto.  Supongo que el olor a pólvora y a tierra mojada y todo el estupor propio de las noches de verano son cosas a las que ya nos hemos acostumbrado y que hacen a la vida un poco más vida:
Supongo que las flores también crecen en los cementerios. 
Pequeñas contradicciones (en cierta manera endémicas y propias del ser) que nacen con cada individuo y van adquiriendo distintos tonos, van tiñéndose de sus miedos, sus sueños, sus aspiraciones...van formándose y conforman lo que somos. Porque cuando nos dejamos libres es cuando aprendemos a ser: comprendemos la libertad en cada ventana, entrando y saliendo a sus anchas de nuestras casas con la brisa fresca del verano haciendo hondear las cortinas a modo de bandera. Una especie de "ya estoy aquí, y vengo para quedarme".

Porque el verano no hace la revolución, pero revoluciona. Despierta los sentidos, la gente, la risa, la luz. Y ardemos. Y sin previa declaración de guerra y a contrarreloj, arremetemos contra todo. Nos rebelamos, haciendo caso omiso a los 'alto al fuego' que nos suplican los pulmones. Porque están exhaustos, pero la garganta nos pide sangre, aire, esperanza. Nos pide batalla. Y se la estamos dando. 
Porque no hay nada peor -o mejor- que las almas dominadas por el fuego de la revolución. Porque al despojarnos del miedo a perder, ya no perdemos ni tenemos nada que perder. Es todo una cuestión de perspectiva. 
Y da igual la estación, el mes, o el día.

Porque el verano nos hace libres. Porque en cada invierno, cada primavera y cada otoño, permanece en nuestro interior un atisbo de verano; una presunción de inocencia del espíritu, un indicio de que la guerra no ha terminado y que sigues por aquí...; que resiste, que lucha por salir, que grita por salvarse, que llama a las armas y a la revolución a la garganta, el pulmón, el corazón. Que le baila el agua a la esperanza, que le da esperanza a la razón. 

Porque las gargantas secas solo necesitan gritar que tienen sed. 

Porque un verano reside en ti, igual que tú resides en mí. (Ojalá ser yo también tu verano...)
Y me llamas a las armas y a la revolución.
Y creo que estamos en agosto. Pero también podría ser enero.

Porque eres indicio, presunción y atisbo de verano y de todo lo que esta estación connota;
calor, luz, alegría, poesía, revolución, arte, color, amor, libertad, ruido, nostalgia, ganas, verdad, aire...y al final, calma. Y un verano invencible.





sábado, 22 de agosto de 2015

Conocer(se)

Creo que hoy no tengo gran cosa que decir. Como casi todos los días desde hace ya mucho tiempo me he levantado sin una razón por la que sonreír a todo el mundo y dar los buenos días sin pensar que será otro día de mierda que tachar del calendario.
Sólo ha habido una diferencia, casi imperceptible, respecto a los demás: he aprendido que nuestra historia es anacrónica, que no soy capaz de buscar razones en otra parte, ni de encontrar ganas en otras personas, porque siempre volvemos a las andadas y nos jodemos de vuelta y yo termino rogándome un poquito de amor propio, escribiendo a la nada y llorándole a no sé qué cielo gris que camufla mis tristezas entre sus nubes torrenciales...pero supongo que hoy es diferente, que sé que el resultado de esta incógnita por resolver no está en sus ojos, sino en mi forma de mirarlos.
Porque sí, el amor es anacrónico, paradójico, irónico y muy "Love of Lesbian", pero qué sabremos de él.
Es como cuando aprendes que para desconocer a alguien no hace falta ni un solo minuto, y en cambio, para considerar que conocemos a alguien nos hace falta mucho más. Y qué jodida estupidez. La especie humana está condenada al fracaso si todavía cree que conocer a alguien es saber cuál es su color favorito o cuándo es su cumpleaños. Para conocer, sólo hace falta descubrir. Abrirse y ayudar a ese alguien a que se abra, a que te muestre los paisajes que jamás te has atrevido a mirar, a darle la vuelta a la manera predeterminada que tenemos de entender la vida, sus juegos, sus malabares y toda su magia... A abrir los ojos, a despertar, a ver que todo puede ser de colores, de luces, de sueños y vértigos.
Conocer a alguien es, por definición, conocerse.
Encontrarte donde menos lo esperabas.
Descubrirte, sin explicación, haciendo lo que jamás te hubieras imaginado hacer.
Pensando y sintiendo como nunca.
Es conocer otra versión de tu interior, dejar que la voz del diablo resuene por encima de la del ángel que te implora no arriesgar por el miedo a perder; se trata de dejarnos ser, llevar y sentir, para encontrarnos con nosotros mismos en un alguien que también se ande buscando.
Con todos los defectos del mundo
y una sola virtud:
ahora, por fin, puedes decir conocerte, quererte, y creer en la magia. Porque la has visto. Porque tú formas parte de sus trucos. Porque ya nadie tiene que contarte nada. Porque ahora, sabes ser, ver, y pensar por ti mismo.
Porque no sólo sientes por ti, sino por alguien que te conoce y se ha dejado conocer.



jueves, 6 de agosto de 2015

(para que no vuelvas, o para que te quedes)

Como cuando entras en bucle
retorciéndote en cada canción
que trae consigo
lo que más miedo te da recordar

Como cuando aprendes
a base de tropiezos
de torpezas
y tristezas
que todo
cuando menos te lo esperas
vuelve

Como cuando echar de menos
deja de ser un verbo transitivo
y se convierte en la putada
y la razón
de que no puedas sonreír
si no es mirando en la misma dirección
en la que enfocan sus pupilas

Como cuando el dolor es 
solamente una apuesta contigo mismo
que siempre terminas perdiendo
incluso antes de empezar

Como cuando crees
que ha terminado
pero quieres creer que volverá

Como cuando sabes 
que  no ha terminado todavía
y solo esperas el golpe
la hostia
las prisas
el cambio
la vuelta

Como dar las gracias esperando
una bofetada

Como bailar en el barro
sin mancharse los zapatos

Como eso que te falta
y que no te llena
porque nunca es suficiente

Como cuando esperas
algo que te complete

Como cuando esperas que no se vaya,
que se quede o
joder
que vuelva

Como cuando aprendes que
tarde o temprano
todo termina volviendo

pero no siempre es para quedarse


jueves, 23 de julio de 2015

Incendios de nieve y calor

Anoche, para variar. no logré conciliar el sueño. Tu recuerdo decidió inundarme en cuerpo y alma hasta que el Sol se asomó por la rendija que creaban las cortinas de mi habitación. Últimamente estoy tan triste que confundo mis tristezas entre sí. Y como no hallo inspiración en otra cosa que no sea en ti, y el insomnio y las tristezas son los mismos que hace meses, he rescatado algo que escribí hace tiempo pero que jamás tuve el valor de enviar. 
Supongo que sería absurdo tratar de escribir sobre lo feliz que he llegado a ser a veces cuando siento más dolor emocional del que jamás pude imaginar...

23 Abril, 4:08 a.m.


A lo mejor me siento un poco sola y triste y me ha asolado un deseo repentino y angustioso de hablarte de mis necesidades mientras escucho love of lesbian...
Y a lo mejor es la primera vez que no sé cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna y eso me vuelve más nostálgica y taciturna que el maldito otoño, sus hojas secas y sus colores amargos y apagados. Y otra vez, el insomnio; para variar, solo me jode un poco más: me desajusta las tuercas y me rompe en pedazos, me hace pensar en cuánto te echo de menos y cuánto me gustaría contarte toda esta mierda mirándote a los putos ojos.

Supongo que he perdido las maneras, que no sé hablar de ti y de mí sin cagarme en la puta y decirle al cielo y a su lluvia inoportuna que nos tiene calados hasta el fondo; y sé que es fácil desconfiar de nosotros y no tanto conocernos...somos demasiado misteriosos, orgullosos y gilipollas como para demostrarnos interés y ser un poquito más felices. Es como si nos gustase dolernos, jodernos, o yo qué sé. Estoy hasta los huevos.

Y no podría quererte más. Y no podría joderme más el ser tan cursi y tan imbécil como para reconocerlo. Por eso nunca te lo digo, y por eso quizás estemos tan solos. Y siempre tenemos quien nos acompañe. Pero nunca nos llena nadie. Y seguimos estando igual de solos. "Aunque nada nos vacíe". Y fin.

martes, 9 de junio de 2015

Dépendance émotionnelle.

3a.m.
-(il)
Ya se había marchado. Con el olor de su cuerpo todavía allí, abrí la ventana y encendí el flexo. Saqué un cigarrillo del paquete de Marlboro y jugueteé con él entre los dedos sentado en la silla del escritorio. No sabía si seguirla porque no sabía si serviría de algo. Me había dejado como un perro desnutrido en el medio de la carretera más transitada de Madrid en hora punta. Quizá volver a remover la mierda fuese una especie de auto-homicidio y la solución estuviera en salir corriendo, pero en dirección contraria.
Y las ganas no siempre nos dicen qué es lo correcto, solo nos ayudan a hacernos más daño.
Como las canciones que son recuerdos, pero también personas, y las escuchamos cuando menos falta nos hace recordar porque en el fondo nos gusta revolcarnos en nuestro propio dolor y compadecernos como si así fuésemos a sentirnos menos solos. Como creando una especie de bucle de compasión, desgracias y todas las mierdas que nos pasan en forma de recuerdos y alcohol. Qué absurdo. La peor forma de soledad que he conocido hasta el momento es la compasión.
Joder. Ya he vuelto a echarla de menos.


3a.m.
-(elle)
Supongo que si me marché no fue solo por la falta de razones para quedarme; quizá fue solo porque él no pronunció ninguna de ellas en alto. A veces sólo nos hace falta escuchar lo que ya sabemos. Algo como una demostración de que la cordura no siempre es desventaja, porque enloquecer por no saber qué siente, qué piensa o qué quiere, es de todo menos sano.
Jodida dependencia emocional.
No sé si dar media vuelta.
Hace tres semáforos en rojo que decidí marcharme. Hace tres pasos de cebra que me arrepentí de haberlo hecho, pero sigo siendo igual de cobarde que cuando crucé su portal tratando de expulsar de mis pulmones el aire contaminado por el olor de su piel y trato de auto-convencerme de que hice lo correcto:
Quizá ya no me esté esperando. 
O tal vez, un "quizá" envuelto de miedo no debería ser mayor razón que todas las que sé que tenemos, pero no nos decimos.
Pero...

martes, 19 de mayo de 2015

Cualquier otra parte - Dorian

Ha llegado el día 
en que voy a contarte lo que eras
en pasado.
Y qué putada 
tener que recordarte lo que fuimos.
_____



Sabías a revolución;
mi golpe maestro,
mi respuesta,
quien nunca hacía preguntas
porque ya lo sabía todo.

Eras guía,

luz,
emoción;

descodificabas mis parpadeos

como intentando buscar explicación
al brillo de mi mirada y,
aunque jamás te lo confesé,
sé que te sabías ser respuesta también
para eso.

Fuiste alcohol, 

tabaco,
la peor de las influencias
y la que más me enganchó.
Fuiste quien más dio por mí.

Quizá porque siempre has sido

amante de lo estrambótico,
de lo psicodélico;

la bohemiedad encarnada,

y sobre todo en alma.

Y hoy

sigues sabiendo a revolución
y lo sigues siendo.

Y ahora

bebo
y me emborracho
para recordarme que
aunque me olvide de ciertas cosas
otras
siempre
permanecen.

Últimamente estoy así,

despeinada, 
borracha,
triste,
sola,
buscando en los labios de cualquiera
ese grito revolucionario
que me dé las fuerzas
y me empuje a escupir en la cara 
a todo aquel que juegue con lo mío

pero que sólo tú sabías entonar.


Y no estás en ellos

y no me sacian
y no me sirven.

Últimamente

todavía te busco
en cualquier otra parte
y por eso
casi
había dejado de darme cuenta.


(-L)


martes, 5 de mayo de 2015

Hoy te escribo a ti

Digamos que me he hartado de hablar de ti a quien no le importas, de ponerte nombres y de buscarte donde sé que no estás, así que hoy he decidido escribirte a ti, pero sin nombrarte (que ya sabes que últimamente me hace mucho daño...)

Querido X,
no sé cuánto tiempo ha pasado ya, y tampoco sé hasta cuando. Tú ya sabes de lo que hablo.
Quizá no te interese, quizá no te rías ni llores, ni sientas nada y quizá sea todo solo porque soy yo quien escribe. Quien siente, quien padece, quien no puede más. 
Pero créeme, que esta vez, no es por placer ni ocio, sino necesidad. Este cuerpo consumido de tristezas me pide a gritos ahogados que te cuente esas cosas que me arañaron las cuerdas vocales intentando salir cada vez que te tuve delante, de tonos grises, ni blancas ni negras, pero que no fui capaz de pronunciar. Y por eso, hoy pruebo suerte una vez más, sin saber si las letras estarán de mi parte. 

Te echo de menos cuando nunca has estado del todo, te quiero cuando sé que ni puedo ni debo, y me duele como si se pudiera morir de desamor. 
Dicen, que todo lo que pasa es necesario (o por el contrario, me quedaré sin ti...)
Dicen que hay sueños lentos y aviones veloces.
Dicen que hay canciones que levantan a los muertos, 
y ni por esas.

Necesito que llueva y mojar mis ideas, alejarme de ti o que te marches, pero que ya no vuelvas. Porque si lo haces, cuando vuelves, yo también lo hago. Vuelvo a caer y a joderme y a echarte de menos cuando nunca has estado del todo. ¿Entiendes? No sé si soy capaz de expresarme, son demasiados meses y sentimientos y tan solo estas manos. Y cientos de letras amontonadas buscando una forma de tomar sentido. 

Fuera de lugar; perdida. Un baile nupcial con zapatos de tacón en medio de un charco. Lo bohème de lo bohème encerrado en un laboratorio.

Pero no vengo a contarte todo esto. Tómatelo como una triste introducción a todo lo que no soy por tu culpa, y todo lo que soy gracias a ti. Una forma de contarte cómo la suerte ha huido de mi camino desde el día que nos encontramos.

Solo venía a decirte, para que lo sepas. Y también, que alguien me cantó una vez que cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana. Y que hay que tomárselo con ganas. 
Y que ni lloro, ni ladro, ni muerdo. 
Ya solo quiero que venga el tiempo, y este dolor, esta ausencia, este vacío, desaparezca.

No te sientas culpable.
No me compadezcas.
No cambies de opinión.
Solo quería que sepas. 
Con eso basta, y con eso duele.
Tranquilo,
nada es para siempre.
Y el tiempo pasa. 
Y lo que hoy duele, mañana solo escuece.  
Te echo de menos, una vez más.
                                                                                                                                       L.

sábado, 21 de marzo de 2015

Ausencias latentes

No sé cómo seguir. Guardo bajo mis párpados todas las tristezas que quizá lleven su nombre aunque yo ya solo pueda pronunciarlo de vez en cuando.
Pero ya no puedo más, he malgastado demasiado tiempo en recordar algo de lo que ya ni siquiera tengo certezas.
Sé que debo cambiar de rumbo, fijarme en otros ojos, en otras vidas, buscar otra luz para encontrar la mía...
Porque si algo insostenible se mantiene mucho tiempo, termina destrozándonos el alma.
Y porque la tristeza, si no muere, mata. Y yo ya no soy capaz de aguantar las mías.

Y lloro, y caen mis penas condensadas en  diminutas esferas de cristal que vuelven todavía más grises mis ojos tristes. Y así, me limpio, me purgo; Y ya no le siento tan dentro de mí.

Hasta que llega ese puto día de la semana, y le veo, o me ve, o me acuerdo. Yo qué sé. Vuelve a infectarme y todos mis remiendos no sirven de nada; vuelvo a llorar desde cero y se me llena el corazón de ausencia.
Otra vez.
Y hasta la próxima.

                                                                                                                            L.

sábado, 14 de febrero de 2015

Quizá mi femme fatale solo quiere que la quieran...

No sé muy bien cómo empezar pero supongo que lo haré por el epicentro de toda esta historia: sus ojos.
 Las pestañas de un negro azabache que envuelven la mirada felina más hiriente y helada que mis pupilas han tenido la oportunidad de contemplar. Azul, azul pacífico o azul mediterráneo, que a veces es gris y a veces es verde y que me hace sospechar que los colores del cielo no son más que un reflejo de su interior. Cuando llueve, sus ojos son grises y ella está triste, y si está feliz las nubes despliegan sus alas hacia otro hemisferio para que su azul pueda iluminarme. 

Y en su mirada, guarda todo lo bueno que hay en mí. Cuando mira siempre mira directamente a los ojos, clava sus pupilas en las tuyas como si fuese capaz de ver lo que tienes dentro; como si pudiese descifrar entre un parpadeo y el siguiente la mediocridad de tus sentimientos y lo mala persona que eres en el fondo. Porque cuando ella te mira así, sin fingir el más mínimo interés en lo que pueda descubrir en ti, te sientes la persona con menos suerte del mundo, como si todas las desgracias naturales del planeta fuesen culpa del contoneo de sus caderas y aun así, tú, fueses la peor persona del mundo... 
Creedme que cuando la conocí, jamás hubiese imaginado que esas caderas pudieran hacer daño a nadie. Sus piernas largas guiaban mis pasos en todas las direcciones contrarias y decisiones equivocadas que tomaría a lo largo de mi vida. Y así sigue y así seguirá siendo: cada error que cometí fue por culpa de su piel, de sus piernas, de la locura que éstas provocaban en mí y de lo mucho que la quise y perseguí. Pero digamos que si ella fue mi error seguir los trazos que dejaban sus pies cuando bailaba caminando no era la decisión más acertada. Y no lo era sólo porque ella no quería serlo, no quería ser mi error ni el error de nadie, no quería equivocarse.

Creedme, era la mejor peor persona que conoceré nunca. Sabía tocarte el corazón con sólo apartarse el cabello del rostro. Su sonrisa era preciosa, pero no le gustaba abusar de ella. Sólo la lucía cuando quería demostrarte lo feliz que podía llegar a ser. O quizá solo quería demostrárselo a sí misma. 

Era mi femme fatale, escuchaba Oasis mientras fumaba en el balcón y bebía café, frío, porque nunca creyó en las segundas oportunidades. Nunca miraba atrás cuando andaba por la ciudad, aunque no se dirigiese a ningún lugar o aunque algún desconocido gritase fortuitamente las nueve letras de su nombre desde el otro lado de la calle... y aunque sus ojos fuesen tan tristes y tan fríos, sabían ser cálidos cuando era de noche. Como si las farolas de las aceras se apagasen cuando ella pasaba solo para que cualquier transeúnte afortunado, o quizá yo, pudiese fijarme en lo más profundo de sus pupilas y encontrar todo el amor propio que le falta. Todo el amor que nunca le han dado porque se esconde tras esa coraza gris ceniza que disimula con el humo de los cigarrillos que se fuma cuando no quiere recordar algo que le duele.  
A su paso dejaba un rastro de perfume barato como todos los besos que le habían robado, y un montón de colillas manchadas del rojo carmín que siempre adornaba sus labios.
No me hagáis mucho caso, pero yo siempre creí en ella. Con sus ojos pacífico, sus labios rojos, sus piernas largas y sus dudas infinitas. En la niebla tras la que escondía los miles de miedos que llevaba dentro y en las ganas (que no necesidad), que tenía de que yo la salvase.
Dicen que hay soledades que son voluntarias. La suya era el mejor ejemplo, pero sólo porque no sabía lo bien se siente cuando te quieren...

(a veces me gusta salir de mí y contaros, de la forma en que me lo han contado a mí, algunos sentimientos que ni yo misma había visto en mí hasta que alguien me los descubrió, y supongo que, a veces, la mejor manera de auto-definirse es hacerlo tal y como lo hacen los demás, quienes nos ven y nos juzgan, nos conocen y nos dicen que los miedos a veces se van con un poquito de amor propio y compañía...
Y definitivamente, las mejores cosas de uno mismo, nunca pueden estar escritas en primera persona.
Y quizá yo no tenga absolutamente nada que ver con esto. Pero alguien, alguna vez, lo pensó.
Aunque ya no lo recuerde)

miércoles, 4 de febrero de 2015

Locus Amoenus

Aquella noche decidí ajustar las cuentas con todas las farolas que querían mostrarme el camino de vuelta a casa.
"Hoy no, no ahora"
Tus ojos ya me guiaban hacia alguna parte y quizá no fuese mi casa pero estaba contigo y ese es mi hogar.
Si había algo que no quería hacer era volver. No sé de dónde. No sé dónde me hacías sentir.
Pero jamás hubiera vuelto sin ti.
Y aún ahora, jamás regresaría sin ti a aquel lugar.
Y he de confesarte, que aún no sabría situar ese momento, ese instante, ese lugar, en un punto determinado del triste espacio-tiempo de los mortales.

Supongo que el resto del mundo tenía otros planes. El sol saldría y yo despertaría en mi cuarto con ese sabor agridulce de haberte llevado en la garganta, pero ya no. Tan fugaz y tan amargo como si no fuese a repetirse nunca. Y quizá.
Como si no fueses a repetirte nunca más.

Ya no sé si inconscientemente me alejé de ti o si a lo mejor todo hubiera sido igual aunque hubiese dado mi vida por quedarme. Y ahora todo esto. Toda esta mierda de golpe y contra mí, recordando yoquéséqué, pero cuánto me duele.
Se estrellan los recuerdos contra mis sienes y siento como si algo me presionase la vena aorta hasta hacerme explotar el corazón. Definitivamente me agota sentirme así, pero tampoco puedo dormir. Las lágrimas han ido oxidando los órganos y los sentidos y permanezco vegetal, a la espera de algo bueno.

Permanezco.

Bajo las persianas y me quedo a oscuras. Y nada. No pasa nada. Últimamente todo se basa en recordarte. Y no me sirve de nada, y no me sacia. Y no quiero pronunciar una sola palabra más sobre ti. Pero me salen solas, aunque no lleven tu nombre.
Quiero decir, que si hablo de primaveras huele a ti,
y si tengo ganas de tormenta las nubes aparecen con formas que se asemejan a todo lo que me significas.
O soy yo que te veo en todas partes.

Jamás te enamores. Jamás.
Me repetía.
Gilipollas.
A hostias con el mundo.
Tengo frío.
Todo pasa demasiado rápido.
Putas prisas, puto conformismo, y qué puta mierda echarte de menos cuando no me duraste más que una noche.
Demasiados meses.
Cambios de rumbo siempre en dirección contraria.
Vidas inconexas.
¿desde cuándo? ¿hasta cuándo?
Creo que ya sé de qué va esto y no me gusta. Sé que no soy el eje de esta historia. Solo espero. Espero, sin más.

O a que tú me saques de esta.



martes, 27 de enero de 2015

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Por no ensuciarme las manos con vuestra sangre
quise quedarme al margen  de toda esa mierda.
Si me tengo que limpiar que sea por dentro,
extirparme la tristeza
y las ganas de todo lo que sé que me apetece
sólo porque no debería.

Pero qué queréis que os diga. Cada vez me importáis menos; estoy fuera de sea lo que sea que seáis, ambicionéis, necesitéis, o cualquier otro verbo que implique algún sentimiento hacia algo/alguien y que guarde relación con cualquier tipo de causa-efecto porque ni me interesa, ni me llena.
Estoy totalmente vacía, desencantada con la vida que sobre-vivo.

Y lo único que sé
es todo eso que me falta
pero que no debo echar de menos en alto...
Que os jodan,
yo ya estoy jodida.

jueves, 15 de enero de 2015

Derrames sentimentales, Vol III

Jodida mierda de día.
Hoy has llegado a salirme por los ojos. En pedazos, en diminutas esferas de cristal y de agua que, yo qué sé de dónde coño vienen, pero me recuerdan mucho a ti. Y saben a sal. Y atraviesan las cicatrices de mi cuerpo,
y me escuecen,
pero no me curan.

Creo que esta noche voy a venderle mi Alma al Diablo, antes de que esté tan devastada y hecha añicos que ni siquiera él quiera saber de mí.

Ya no sé cómo decirme que tengo que dejar de hacerme daño, empezar a quererme un poco más y buscarte un poco menos.
Quizá baste con esto último y lo demás venga por sí solo...
No puedo soportarlo más. Ya no sé qué me hace más daño, si tus dudas, o si las mías. Tus dudas sobre mí o mis dudas sobre las tuyas.
Ni lo sé, y me importa(s).
Y al final siempre termino hablando de lo mismo. Al final siempre te hablo a ti, de ti, sin decirte que eres tú y en segunda persona. Así de absurdo y contradictorio es todo; así.

______

Dispara. Te lo ruego. Acaba con esto. No aguanto mi Alma aquí dentro durante más tiempo,
me carcome los órganos,
y me nubla la mente,
y me enferma la vida

De aquí sólo sale mierda. Ya no sé si es mejor contarte lo que hay o dejar que el tiempo y las cosas pasen, sucedan, y terminen de matarme.
Cada vez me sirve de menos y siempre acabo igual: escribiendo como si a alguien le interesase o como si alguien fuese a leerlo sin pensar que soy una más a la que la suerte ha ignorado y no tiene otra cosa que hacer que contarle sus mierdas al resto.
No es que no tenga otra cosa que hacer, no; es que no puedo hacer otra cosa.

Estoy jodidamente rota, derruida. El amor(o lo que sea esto), o lo que quede de él en mí, me ha pasado por encima; me ha ganado, me ha doblado y me ha partido.
C'est fini, c'est la vie.
Estoy hecha de odio, de dolor, de rabia, de todas las palabras que me trago y de todas las desgracias de las que sé que debería hacerme amiga, de recuerdos que me cuentan lo feliz que he sido a veces y que 'mírate ahora, qué pena te das'.
Supongo que lo que peor llevo de todo esto es la autocompasión.
Supongo que después de todo no me hace falta ningún puente que se enamore de mí para ser suicida; me vale con pensar en lo poco que yo misma creo en mí cuando me veo sin ti.

Y aún así, vuelvo a mirar si me escribes, si me lees, si te acuerdas de mí.
Definitivamente, me has vuelto gilipollas.