viernes, 28 de noviembre de 2014

Tormentas otoñales con nostalgias implícitas

Que no es nada nuevo, que hoy, otra vez, llueve sobre mojado. Se empañan los cristales de las gafas de los señores que leen el periódico en los bancos de los parques esperando el "tic" del "tac" que cambie sus vidas por completo; un golpe de efecto que llega en forma de agua. Y truenos. 

Vuelve a hacerme daño la misma mierda, vuelven a estrellarse contra mi pecho todos los minutos en los que no me escribes. Vuelven, el otoño y sus hojas secas, la lluvia, tu ausencia. La nostalgia que perdura en mis bolsillos hasta primavera, el frío que sólo se va si tú estás cerca. 
Vuelve la angustia a todos los corazones rotos. 
Vuelven las lágrimas para empapar las pestañas de los ojos más tristes y los labios más sinceros. 
Las bufandas, los abrigos, las botas. 
Vuelven las letras de tu nombre y caen, con cada gota, con cada copo, desde las nubes.
Y las farolas vuelven a encenderse a las seis de la tarde.
Y vuelve a llover. Sobre mojado.
Y las suelas de mis zapatos empiezan a agrietarse, que no todos los mares somos capaces de soportar la misma agua...
Yo me entiendo.
Y me incendio.
Y me quemas, Otoño. Y me tiñes de gris y de sangre.
Y me falta luz y me sobran hojas.
Y aún más,y sobre todas las estaciones, me faltas tú.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Carta a todas tus catástrofes

Examen de introspección:
Creo que la más grande de todas ellas, después de todo, he sido yo.

Voy a tener que prepararme para el golpe; atar a mí todo lo que pueda despegarse antes del impacto y empezar a buscar la cura a una enfermedad que empieza a infectarme el corazón.
No podrías dolerme más y no sé acostumbrarme a no saber de ti,ni ser contigo. Porque cada vez que me da por recordar todo esto que me enferma, que me curó y que hoy sólo sabe doler, hace que me escueza el Alma. Y cada vez que respiro y no huele a ti me lloran los pulmones y me sangra el corazón.

Joder. Has pasado a ser el monstruo que imagino debajo de la cama y me atormenta, pero que nunca está.

Y ojalá estuviese aunque fuera de vez en cuando


lunes, 13 de octubre de 2014

Derrames sentimentales, Vol I

Hoy por primera vez en mucho tiempo necesito inspiración; busco algo que me dé lo que hoy me falta para hablar de sea lo que sea que me carcome el alma y la cabeza, pero no sé qué es. Esta vez no interfiere la tristeza y no sé si quiero contaros que el amor es muy bonito si sabes con quién, o que la música es amiga de la Vida y de las noches de fiesta (y más cuando hay alcohol de por medio), pero que también sabe ser injusta y dañina cuando te ocupa el desamparo. Resumiendo, puede llenarte los vacíos o joderte la vida, todo depende de tu estado de ánimo y de tus ganas de rendirte ante sus acordes.
Pero no sé qué os estoy contando.
Tengo la necesidad de expresarme, derramarme, compartir cierta parte de lo que creo que, en esencia, somos yo y mis circunstancias en este momento:
no estamos tristes sino radiantes.

Es una sensación extraña no depender de nadie para hablar de algo que quizá sea nada, pero que me impide dormir y me obliga a soñar despierta. Y sorprendentemente quizá sea algo así como cuando eres feliz: nunca sabes que lo eres hasta que dejas de serlo. Siempre nos sentimos incompletos, siempre hay algo que nos falta, nos corta las alas y nos encadena al suelo. Pero qué ilusos somos: no nos damos cuenta de que la forma más bonita,y sobre todo eficaz de volar, es con la mente y el alma libres. Y con el sol de frente y el viento a favor. Con la alegría con forma de luna en los dientes y las estrellas más brillantes reflejadas en las pupilas; poco importa que sea de noche o de día.
Así que, supongo que aunque haya empezado sin saber muy bien por qué, de qué, o para qué, no es tan raro haber terminado hablando de los sueños. Soñar sin medida es un pleonasmo...

jueves, 4 de septiembre de 2014

Puntos de sutura a tus finales

últimamente sólo sé escribir si tú eres mi razón
sólo si me duelen los recuerdos
si las ganas me arañan el alma
(las mías
de verte
y las que a ti te faltan)
sólo si vuelves
en tu metamorfosis
a dolerme y hacerme añicos


Y nada. Yo qué sé. Me chirrían los dientes cada vez que pienso en olvidarte. Y mientras, las cicatrices que hace tiempo dejaron de doler, echan de menos que vengas de vez en cuando para volver a abrirse, para descoserse. Tus puntos de sutura jamás han sido. Así, sin adjetivos. Punto.

sábado, 5 de julio de 2014

A ver si aprendo de una vez que los cristales no solamente se empañan por el frío...

Una vez conocí un gato pardo que saltaba por las cornisas, se colgaba de mis cortinas y me arañaba el corazón. Entraba por mi ventana maullando que me quería y que había dejado sus libros para leerme a mí. Yo le preguntaba si podía leerme entre líneas y él me contestaba que sólo si había llovido y la atmósfera estaba limpia. Jamás lo entendí bien pero era el típico acompañante que echas de menos los ratos que te deja y te toca leer sola. Supongo que me gustaba que me clavase las uñas porque cuando se iba podía acariciar la cicatriz a medio curar y sufrir un poquito. Así encontraba paz e inspiración y podía escribirle. Decirle que sus libros jamás le entenderían como yo y que mi ventana iba a romperse en cualquier momento. Hacerle saber que si llamaba a la puerta le abriría y que jamás le dejaría irse. Decirle que no sabía cómo ni por qué pero las heridas que me hacía sólo se curaban con sus lametazos. Decirle, también, que mi suerte había desaparecido y que necesitaba que me regalase tréboles de cuatro hojas en lugar de flores. Jamás me había regalado flores pero supongo que pedirle que cambiase mi suerte era la mejor forma de empezar... Quería descubrir canciones nuevas y que no se lamentase tanto, decirle que tenía algo muy bonito entre los dientes, que me sonriera y que me hiciera cosquillas con sus bigotes. Quizá fuera pedirle demasiado. Quizá un gato no fuera tan complicado como yo y saliera corriendo. Así que decidí tragarme mis maullidos malheridos y esperar que él tomase la iniciativa,entrase por mi puerta y se acurrucase junto a mí tras un par de ronroneos tristes. A la mañana siguiente me leería un par de versos y mis costillas volverían a cerrarse con dos corazones dentro; el mío, y el suyo, minino.