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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hoy, 24 de Diciembre, sigo echándote de menos

Ni Frida Kahlo en su mejor momento hubiera sido capaz de imaginarse y pintar tus ojos tristes...
Ni el Empire State, la estatua de la Libertad, el Big Ben, el London Eye, pueden compararse a tu grandeza.
Ni la mismísima Toscana podría hecerle competencia al color y a la luz que amanece en tu sonrisa cuando la miro, y de verdad, que me encantaría decir cuando me miras...
Dime, si es posible, si acaso sucede alguna vez...¿quién te vio y no te recuerda?
Personne, mon amour.

Nadie apaga tu brillo, ni duerme tu sueño, ni siente tu Alma.
Y qué si me creo poeta y soy mujer. Y qué. Yo no escribo a una musa preciosa de labios rojos y andares inconformistas, con ojos y ojeras grandes y sueños inmensos, de piernas largas y vidas intensas. De mala suerte, de buena fortuna, de cafés, cervezas, guitarras y sexo descontrolado. Yo no hablo de la tristeza que se anuda en su pecho y echando raíces, arraiga en los demás. No. Yo sólo hablo de ti. Hablo de ti, que eres paisaje y alegría. Hablo de ti, tan guapo, tan tuyo, tan luminoso y tan resplandeciente, porque te siento diferente y porque contigo cambiar el mundo deja de parecerme una utopía. Hablo de ti, porque eres tú, y eres mayor razón que todas esas jodidas mujeres con suerte que alguna vez se creyeron musas para un hombre que hoy, ya las habrá olvidado.

Yo no te olvido. Ni aunque lo intente, ni aunque sé que debería.
Sólo diré una cosa: No eres musa, pero eres.
Y eso siempre es mucho más.

Feliz Navidad,
o lo que sea esto.

Joder.
Te echo de menos.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Derrames sentimentales, Vol II

[Ya no sé pensarte sin hacerme daño...]

De verdad,
ya no soy la que te echa de menos.
O ya no soy sólo yo.
Ahora te echan de menos mis pestañas, mis pupilas, mi cuello, las piernas, los talones, las costillas, los pulmones, el hígado, el corazón...y qué coño quieres que les diga a todos ellos. Ellos no entienden que ya no estés aquí, no puedo hablarles de tu marcha y decirles que se acostumbren a no verte, olerte o sentirte nunca más. Y están jodidamente tristes y solos desde que te fuiste y yo, con el Alma a trozos, deshecha por dentro, tratando de reconstruirte y de encontrarte donde sé que ya no estás, tengo que reconocer que te estás apoderando también de mi cuerpo. Has desatado una cruenta y sangrienta guerra entre estos dedos que tratan de escribirte para que vuelvas, que para qué vuelves, o que por qué te has ido. Todo depende del momento y la forma que hayas elegido para acercarte, recuerdo, dolor, o tú sonrisa y tú, ojos de cristal, cínico y tan guapo como siempre al otro lado de la barra saludándome con la mano. Este es el caso esta vez. Y ya no puedo soportarlo más. Siento la electricidad que me recorre las manos teletransportándose, en milésimas de segundo, en chispazos incontrolables entre las letras y las falanges de mis dedos. Y no hay vuelta atrás, y ya no hay vuelta que sea tuya, o mía, o nuestra, y joder, qué angustia, no sé dónde estás ahora. Y todavía me escribes a menudo para preguntarme qué tal estoy y yo a menudo dudo si en realidad te importa. Y me sangra el corazón, y me duele verte con otras, en otras, para otras, por otras. Me duele no verte conmigo por y para mí. 

Joder,
no quiero quererte tanto, y quiero tanto quererme un poco más...

viernes, 28 de noviembre de 2014

Tormentas otoñales con nostalgias implícitas

Que no es nada nuevo, que hoy, otra vez, llueve sobre mojado. Se empañan los cristales de las gafas de los señores que leen el periódico en los bancos de los parques esperando el "tic" del "tac" que cambie sus vidas por completo; un golpe de efecto que llega en forma de agua. Y truenos. 

Vuelve a hacerme daño la misma mierda, vuelven a estrellarse contra mi pecho todos los minutos en los que no me escribes. Vuelven, el otoño y sus hojas secas, la lluvia, tu ausencia. La nostalgia que perdura en mis bolsillos hasta primavera, el frío que sólo se va si tú estás cerca. 
Vuelve la angustia a todos los corazones rotos. 
Vuelven las lágrimas para empapar las pestañas de los ojos más tristes y los labios más sinceros. 
Las bufandas, los abrigos, las botas. 
Vuelven las letras de tu nombre y caen, con cada gota, con cada copo, desde las nubes.
Y las farolas vuelven a encenderse a las seis de la tarde.
Y vuelve a llover. Sobre mojado.
Y las suelas de mis zapatos empiezan a agrietarse, que no todos los mares somos capaces de soportar la misma agua...
Yo me entiendo.
Y me incendio.
Y me quemas, Otoño. Y me tiñes de gris y de sangre.
Y me falta luz y me sobran hojas.
Y aún más,y sobre todas las estaciones, me faltas tú.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Carta a todas tus catástrofes

Examen de introspección:
Creo que la más grande de todas ellas, después de todo, he sido yo.

Voy a tener que prepararme para el golpe; atar a mí todo lo que pueda despegarse antes del impacto y empezar a buscar la cura a una enfermedad que empieza a infectarme el corazón.
No podrías dolerme más y sé que acostumbrarme a no saber de ti,ni ser contigo, será algo jodidamente devastador para mí. Porque cada vez que me da por recordar todo esto que me enferma, que me curó en su momento y que hoy  sólo sabe doler, hace que me escueza el Alma. Y cada vez que respiro y no huele a ti me lloran los pulmones y me sangra el corazón.

Joder. Has pasado de ser quien me hacía conciliar el sueño a ser el monstruo que imagino debajo de la cama y me atormenta, pero que nunca está.

Y ojalá estuviese aunque fuera de vez en cuando


lunes, 13 de octubre de 2014

Derrames sentimentales, Vol I

Hoy por primera vez en mucho tiempo necesito inspiración; busco algo que me dé lo que hoy me falta para hablar de sea lo que sea que me carcome el alma y la cabeza, pero no sé qué es. Esta vez no interfiere la tristeza y no sé si quiero contaros que el amor es muy bonito si sabes con quién, o que la música es amiga de la Vida y de las noches de fiesta (y más cuando hay alcohol de por medio), pero que también sabe ser injusta y dañina cuando te ocupa el desamparo. Resumiendo, puede llenarte los vacíos o joderte la vida, todo depende de tu estado de ánimo y de tus ganas de rendirte ante sus acordes.
Pero no sé qué os estoy contando.
Tengo la necesidad de expresarme, derramarme, compartir cierta parte de lo que creo que, en esencia, somos yo y mis circunstancias en este momento:
no estamos tristes, ni enamoradas, pero sí radiantes y con ganas de vivir.

Es una sensación extraña no depender de nadie para hablar de algo que quizá sea nada, pero que me impide dormir y me obliga a soñar despierta. Y sorprendentemente quizá sea algo así como cuando eres feliz: nunca sabes que lo eres hasta que dejas de serlo. Siempre nos sentimos incompletos, siempre hay algo que nos falta, nos corta las alas y nos encadena al suelo. Pero qué ilusos somos: no nos damos cuenta de que la forma más bonita,y sobre todo eficaz de volar, es con la mente y el alma libres. Y con el sol de frente y el viento a favor. Con la alegría con forma de luna en los dientes y las estrellas más brillantes reflejadas en las pupilas; poco importa que sea de noche o de día.
Así que, supongo que aunque haya empezado sin saber muy bien por qué, de qué, o para qué, no es tan raro haber terminado hablando de los sueños. Siempre que se sueña, si se sueña bien, se sueña sin medida. Y eso que dicen del Arte de saber soñar cuando ya eres feliz, o de ser feliz, cuando ni siquiera te dejan soñar...

domingo, 5 de octubre de 2014

Domingos astrománticos (5deOctubre)

Los domingos jamás dejarán de ser una mierda.
Ya no sé si estas tristezas son las mías o es que en días como hoy me vuelvo demasiado sensible y más susceptible de lo que ya soy para recordar todo lo que alguna vez me ha dolido y no he terminado de soltar. No sé. Quizá sólo absorba las penas de otros, de cantantes, de poetas, de los libros y la música con los que trato de pensar y sentir un poco menos...

Total, una mierda; lleno mis vacíos con cosas intrascendentes que me vacían más aún.

Y como lo de no sentir es algo completa y absolutamente inconcebible para mí, termino rompiéndome, un día más, en forma de letras y lágrimas y tristezas a las que no logro bautizar. Ay, qué poco me gustan las caras largas, los suspiros de nostalgia, la sensación de ahogo y la falta de tiempo; me come el tic-tac de un reloj que no he visto nunca, me duelen las heridas que nunca me he hecho y me siento sola aunque esté rodeada de gente.

Domingos de Mierda, por definición. Conceptos inseparables que me arruinan la vida y la paz mental (por no hablar de la emocional y del terremoto revolucionario que tengo dentro ahora mismo).

No sé si es culpa del Sol por darle nombre a este día tan nefasto, o mía por no saber cómo solventar esta soledad que no tiene razón de ser; todo ha perdido el sentido y nado contracorriente compitiendo conmigo misma y la más mínima distancia es un océano insalvable de dudas y miedos que unos días más que otros, flotan, y me hunden.

He llegado a la conclusión de que los domingos son una mierda. Y esta vida, si no lo fueran, no sería (mi) vida.

viernes, 26 de septiembre de 2014

<< aviones >>

Hoy quiero escribir de los aviones.


Quiero que se estrellen 
contra todas las partes de tu cuerpo. 
Que se incendien; 
para que se refleje ese fuego en tus ojos 
y te salga el amor a llamaradas por la boca. 

Y quizá soy demasiado cursi 
e insoportablemente cruel conmigo misma 
cuando te quiero. 
Sé que debería empezar a quererme un poco más, 
hacerme amiga de mis desgracias, 
coserme, 
remendarme;
ser feliz
pero.

Lo más irónico 
es saber que para ello debería dejar de pensar 
en aviones y globos aerostáticos, 
olvidar que fuiste el mejor trapecista de los tiempos por mi tripa, 
que fuiste el mayor monstruo de debajo de la cama y al mismo tiempo
 la luz encendida del pasillo. 
Pero no importa,
Esta ciudad ya no es para mí; Es toda tuya.

Y yo hago como que estoy.
( encerrada en tu mapa,
buscando un nuevo norte,
rompiendo los puntos cardinales
que creaste para mí,
para reinventarlos
y a mí con ellos )

Tus pájaros
mis mariposas
ya no viajan en la misma tripa.
Ahora las mías, con tus dudas,
siguen la trayectoria que les marcan tus costillas,
dirección errónea, sentido "ya no vuelvas por aquí"

Porque quizá se acabó antes de lo que pensaba,
antes de que fuéramos conscientes,
antes de que fuéramos.
Quizá se acabó antes de empezar.

Dame una tregua;
tengo el corazón en ebullición,
los sentidos rotos, 
decepcionada, 
perdida,
despeinada y sola.

Vuelve un rato;
dime qué tal,
haz como que te interesa qué tal estoy yo.

Fíngeme; suéñame. 
Quiéreme y vuélvete tridimensional.
Ven a contenerme,
a contener mi aire en tus pulmones
o viceversa,
pero contenme. 

Abstente de todo 
lo que no consista en desencajarme los huesos de la risa.
En conseguir desvestirme sin pillarme con ninguna cremallera.

Se me escurre el corazón entre las costillas
las mías
éstas
las que te echan de menos
porque no les llega bien el aire
porque el amor es una mierda
y yo ya me he cansado de volar.


Malditos aviones. Todo esto es culpa suya.
(resulta que hoy estoy hecha de clichés)

jueves, 4 de septiembre de 2014

Puntos de sutura a tus finales

últimamente sólo sé escribir si tú eres mi razón
sólo si me duelen los recuerdos
si las ganas me arañan el alma
(las mías
de verte
y las que a ti te faltan)
sólo si vuelves
en tu metamorfosis
a dolerme y hacerme añicos


Y nada. Yo qué sé. Me chirrían los dientes cada vez que pienso en olvidarte. Y mientras, las cicatrices que hace tiempo dejaron de doler, echan de menos que vengas de vez en cuando para volver a abrirse, para descoserse. Tus puntos de sutura jamás han sido. Así, sin adjetivos. Punto.

martes, 19 de agosto de 2014

Precipicios [que ni en sueños]

Hay una limusina esperando en la puerta de mi casa. Las farolas iluminan la calle con una luz tenue, incluso triste, y todas las persianas de las ventanas de los edificios cercanos están bajadas. Todas menos una, la mía. El chófer espera apoyado en la puerta delantera, se prende un cigarro y mira el reloj. Y yo miro la calle. Me imagino que dentro de esa limusina vas tú, una botella de champagne y Lori Meyers sonando. (sé que nunca te gustó su música, pero esta vez no importa). Y me esperas. Esperas a que baje en mis tacones los escalones que separan mi portal de la carretera donde el chófer, impaciente, lleva ya dos cigarrillos esperándome. Y me sonríes. Yo le pido fuego a ese señor con perilla tan ocupado que lleva gorra, y entro,deslumbrante,por la puerta de atrás. Y me besas. Y se me seca la garganta cuando voy a preguntarte dónde me llevas. Entonces, sin hablarte, me respondes: "quizá a algún rincón bonito de esta sucia ciudad, o puede que a algún garito retro de las afueras, de esos donde el tequila sabe a pis de gato y las puertas de los baños están siempre rotas; qué importa, la cuestión es que te llevo." Ay,no sabes lo mucho que me gusta que me respondas sin necesidad de cuestionar nada, ¡no sabes el miedo que me da! Quizá por eso me gusta tanto..."Pare aquí, amigo", dices. Miro por la ventanilla y sólo veo oscuridad. Una noche de verano entre tantas; miles de estrellas que no alcanzamos a ver por la contaminación lumínica de esta maldita ciudad. Bajamos del coche. Hablas con el chófer por el lado de la ventanilla del conductor y le dices algo que no llego a entender.

Moi: ¿Adónde vamos?
Toi: ¿Dónde quieres que te lleve?
Moi: ¿Quieres decir que aún no sabes dónde vamos?
Toi: He formulado mal la pregunta: ¿Dónde crees que vamos?
Moi: Quiero bailar. Supongo que eso responde a tu pregunta.
Toi: Touché.
Me coges de la mano y me guías hasta un cartel de luces de neón. Ni siquiera reparo en el nombre de aquel garito, pero ponen buen blues y el ron cola está bastante bueno. Varias copas y muchos minutos después salimos del local. Yo me río. Tú me miras. Borrachos,felices, y me besas.
Toi: ¿Quién te ha robado la primavera?
Moi: No uses a La Fuga para ganarme ahora. Tengo el sí fácil y estoy borracha. Ya me tienes toda. No hace falta más.
Toi: ¿Quién subirá por ti a la Luna? ¿Quién bajará por tu edredón?
Mi gesto se torna serio. Se me inundan los ojos. Tantas noches después de aquello,se estaba repitiendo. Eras conmigo, y un poco mío, también.
Moi: Te he echado de menos.
Toi: Háblame en futuro,bonita. No quiero ser cursi pero el pasado ya no me interesa. No quiero dolerte más.
Moi: Ya no me dueles. No ahora. No hasta que te vayas otra vez. ¿Sabes? Llevas meses siendo deseo y sueño. Y hoy están tomando forma...
Toi: ¿Con qué soñabas?
Moi: Soñaba bailando. Cantando La fuga, bebiendo, y tú fumando. Tus ojos rojos y los míos tristes. Como siempre. Tus manos sujetando a duras penas los cigarrillos por el mal pulso, tus ojeras pidiéndome a gritos dormir conmigo y tus dientes implorándome que nos quedemos un ratito más mirando la luna. Soñaba esto. Soñaba mucho y deseaba muy fuerte que fueses real.

Entonces apagas el cigarrillo recién prendido y mientras pisas la colilla agarras mis mejillas entre tus dedos y lentamente te acercas y más lento,me besas.

Moi: y sueño...
Digo. Y despierto.

Fin del trayecto. Mi imaginación esta noche ya no da para más y tú sigues sin estar. Mejor será bajar de esta elegante limusina y volver a casa con los tacones de la mano y la boca con sabor a champagne y a ti. Mejor poner remedio ahora que todavía no hemos llegado a ninguna parte; antes de que mis miedos,y los tuyos,tengan fundamento y decir "sí", quizá, signifique lanzarnos al abismo...

viernes, 1 de agosto de 2014

tus metamorfosis y mi falta de fe

Mi vida últimamente deambula entre tonos teñidos de gris; entre dudas, ganas que no existen, cicatrices, dolor y falta de fe. Sobre todo eso. Falta de fe, porque me faltas, me haces falta o yo que sé. Nunca he creído en nada. No creo en Dios, no creo en mí, no creo en el destino, y tampoco en la poesía. Soy triste y terca, pero y qué. La soledad me ha apagado las luces y no me siento en la obligación de poner buena cara. Me dan igual los compromisos y la falta de educación; no necesito sonreír, sólo necesito que tú, allá donde estés, sepas hacerlo. Y ya está. Estoy cansada de paisajes bonitos y carreteras cortadas, de mar con sabor a sal y de arena blanca. Harta. Me da igual, no me importa lo más mínimo y no tengo, ni finjo ningún interés. Me basta, me sobra con cuatro fotos de hace meses, un par de libros, mucho café y pocas ganas de soñar. Porque dicen que hacen falta soñadores pero no dicen lo que duelen las pesadillas y más si éstas hablan de las despedidas...
Ya he llegado donde tenía que llegar; he disparado contra todo lo que no me gusta desde que no me sabe a ti y toda esta mierda ha vuelto a concluir en el mismo punto de partida:

jamás se me ha dado bien echarte de menos.

Joder. Mejor voy a dejarte aquí, parpadeando en la barrita del cursor hasta que lo que tenga que contarte no haga que me estalle el corazón...
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No sé a quién quiero engañar, quizá solamente a mí; mi vida es gris ceniza desde que te fuiste y tú me arañas el alma con cada una de tus metamorfosis; canción, color, olor, ojos, boca, poema, flor, banco, precipicio, lluvia...joder, que todo me habla de ti y a mí ya se me han desgastado las suelas de los zapatos de ir a buscarte.

sábado, 19 de julio de 2014

Tristezas de las 3 a.m; encontrarnos sigue siendo una putada

Madrid y sus rincones encantados crean inspiración y paisajes mágicos...

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Lo que muchos conocen como Dios yo creo destino; mucho más frío, indeciso, cruel y verdadero. Quizá es que soy atea incluso conmigo misma, quizá no crea en nada. Sólo confío en un destino que devuelva el calor y el color a mis días, a mis ojos.

Una vez creí en mí (aunque me costase), en mí y en mi capacidad de olvidar y recordarte después, reviviendo momentos e historias, recayendo, perdiendo la confianza en mí y en todas mis capacidades; (y a falta de creencias firmes, necesidad de compañías agri-dulces y ya ves, no estás aquí)

Ya no hay vuelta atrás. He perdido el norte, los zapatos, las ganas, el tiempo; lo he perdido en el intento,casi siempre fallido, de olvidarte, y lo pierdo escribiéndote algo que nunca leerás.
Pero qué quieres que le haga. 
Me arden las manos y me piden, temblando, que te cuente que las cosas no me salen muy bien últimamente. Finjo que ya no eres nada, que a la vez que dejaste de estar, dejaste de ser...pero no. Eres. Y cada vez eres más. Y no sé, las ganas de escribirte, de tenerte, de confesarme, aumentan a la vez que los pinchazos que pronunciar tu nombre en voz alta produce en mi jodida, rota, descosida y triste alma. Y no es para tanto, pero es que tú eres tanto que el resto, lo esencial, se ha vuelto transparente, prescindible. Y a su vez tú te has revelado opaco, necesario, la pieza que todos quieren y sólo una persona puede poseer. Y ya no soy yo, y no sabes qué putada. No sabes lo que dueles; jodida nicotina...

Llevo 125 líneas de excusas; para escribirte, para quererte, para echarte de menos, para abandonar en esto, para abandonarme. Y qué asco. No sé a qué coño jugamos últimamente. El ser humano se está volviendo loco; para lo irrelevante no nos hacen falta excusas y buscamos justificación a lo más esencial. Y no sé. Cada vez odio más y quiero menos; cada vez necesito más amor y menos odio. Pero la situación es la que es y sólo cambiará si yo hago que cambie. Sólo si, por algún casual , me atreviese a cruzarte la cara con las pupilas y decirte así que te echo de menos, que toda esta mierda lleva tu nombre, que mis ganas se quedaron en ti y que todo esto es culpa tuya. Pero aquí estoy, entre mis dudas, excusas fáciles y lamentaciones absurdas a las que nadie más que yo podría poner remedio y las que a nadie más que a mí le interesa remediar. O quizá sí, pero ya hace tiempo que aprendí a buscar excusas y supongo que la mayoría de las veces son menos dolorosas que pedir(te) explicaciones, ya sabes, por si no me gusta el resultado; así que tendré que conformarme con apaciguar un poco los latidos desbocados reflejando entre líneas y palabras mudas todo lo que te quiero y no te puedo. En fin.

Aunque conformarse es de infelices, (odio decir esto, créeme), supongo que estos días de invierno en pleno junio me comprenden y, quizá, sea lo que debe ser; conformarse, soportar y esperar. Hasta que pase el chaparrón; hasta que no pueda más. Porque ya sabes que la paciencia nunca ha sido mi fuerte y quiero que llegue septiembre para cicatrizarte, o verte, contarte todo esto y qué sé yo. Compartir contigo toda esta mierda, que al fin y al cabo más de la mitad también es un poco tuya.

Y no. Yo tampoco creo en el destino, pero de algún lado tiene que haber surgido todo este delirio.

sábado, 5 de julio de 2014

A ver si aprendo de una vez que los cristales no solamente se empañan por el frío...

Una vez conocí un gato pardo que saltaba por las cornisas, se colgaba de mis cortinas y me arañaba el corazón. Entraba por mi ventana maullando que me quería y que había dejado sus libros para leerme a mí. Yo le preguntaba si podía leerme entre líneas y él me contestaba que sólo si había llovido y la atmósfera estaba limpia. Jamás lo entendí bien pero era el típico acompañante que echas de menos los ratos que te deja y te toca leer sola. Supongo que me gustaba que me clavase las uñas porque cuando se iba podía acariciar la cicatriz a medio curar y sufrir un poquito. Así encontraba paz e inspiración y podía escribirle. Decirle que sus libros jamás le entenderían como yo y que mi ventana iba a romperse en cualquier momento. Hacerle saber que si llamaba a la puerta le abriría y que jamás le dejaría irse. Decirle que no sabía cómo ni por qué pero las heridas que me hacía sólo se curaban con sus lametazos. Decirle, también, que mi suerte había desaparecido y que necesitaba que me regalase tréboles de cuatro hojas en lugar de flores. Jamás me había regalado flores pero supongo que pedirle que cambiase mi suerte era la mejor forma de empezar... Quería descubrir canciones nuevas y que no se lamentase tanto, decirle que tenía algo muy bonito entre los dientes, que me sonriera y que me hiciera cosquillas con sus bigotes. Quizá fuera pedirle demasiado. Quizá un gato no fuera tan complicado como yo y saliera corriendo. Así que decidí tragarme mis maullidos malheridos y esperar que él tomase la iniciativa,entrase por mi puerta y se acurrucase junto a mí tras un par de ronroneos tristes. A la mañana siguiente me leería un par de versos y mis costillas volverían a cerrarse con dos corazones dentro; el mío, y el suyo, minino.

martes, 3 de junio de 2014

Me marchitas, Primavera.

Maldita primavera. Me has obligado a florecer y yo estaba tan a gusto encerrada en mi capullo. Sin tener que cruzarme con otras flores, porque puede que deba recordarte que algunas tienen espinas...y no te imaginas cómo escuecen sus pinchazos, pero menos te imaginas lo que duele cuando deciden que ya no quieren pincharte más. Y yo ya no busco otras flores, Primavera, no sabes en qué jodido lío me has metido. Yo ahora sólo quiero una; por su olor, color, forma y espinas. Sobre todo sus espinas. Porque encajan a la perfección con mi dedo corazón y ya no puedo soportar que no me pinchen de vez en cuando, pero menos que ya no quieran hacerlo...

Es algo así como si me dijeras "Me llamo Primavera, he venido para curarte el frío del Invierno y he terminado siendo enfermedad más que remedio; porque te difuminas con el color triste del hielo del Invierno, pero en mí sólo sabes encontrarte flores marchitas o que te dejen marchitar"



Jodida primavera. Márchate y no vuelvas nunca; ya no te quiero más.

lunes, 5 de mayo de 2014

Cuando la soledad deja de ser placentera para ser Tristeza

Cada vez estoy más convencida de lo puta que es la soledad. A veces he llegado a apreciarla, incluso a desearla, pero es demasiado triste y a los dos o tres días quiero que se vaya. No es que tenga nada contra ella en particular, es lo que conlleva; es la tristeza, las pestañas empapadas, las sonrisas sin destinatario, los libros que no puedes recomendar a nadie y nadie que te haga reír y, ¿acaso hay algo más bonito que la risa?
 Voy a contaros una historia. La historia de un mendigo que lo que conseguía se lo gastaba en putas. Quizá por dormir caliente una noche, por la compañía, por hablar con alguien. Quizá porque sabe más de la vida que cualquiera y porque desde la calle se ve la vida de otra forma; conoce a la gente que todas las mañanas pasa con cara de perro por delante de su banco para ir a su trabajo, ve a madres con los niños volviendo del colegio, ve la vida, ve la forma de actuar de cada uno de ellos... Ve que estamos acompañados y solos, ve que a veces las personas más solitarias son las que menos solas se sienten, y ve que no sabemos apreciar nada. Por eso os cuento su historia. Para plasmar con mis palabras un poco de esa sabiduría, para compartirla, para deciros que la soledad a la larga no lleva a ningún sitio, que todo, y más la vida, es mejor compartido.


Llevaba toda la mañana pidiendo en la calle principal, sábado, mientras los cientos de transeúntes ocupados en comprar ni lo veían, y quien lo hacía, no era capaz de mantenerle la mirada, la apartaba,agachaba la cabeza y cambiaba las bolsas de mano. Había sacado para un café caliente, así que se levantó y entró en el bar más cercano. La camarera ya lo conocía. Le puso un café y un croissant y le preguntó qué tal le había ido la mañana. Él le dijo que apenas había sacado para el café y que quería decirle a todos esos que le tenían pena que se guardasen su asquerosa compasión y culpabilidad. Eso era lo que peor llevaba. Que nadie le hablase o se acercase a él con otro fin que el de compadecerse. Cuando terminó el café dejó el dinero en la barra y se levantó. La camarera se lo devolvió.

-Hoy invito yo.
El mendigo sonrió.
-¿Sabes? Espero que esta tarde me vaya mejor. Si es así me iré de putas.
-¿Puedo preguntarte algo?
-¿No acabas de hacerlo?
-¿Por qué te gastas el dinero en eso? ¿No te hacen falta otras cosas?
-No necesito las mismas cosas que vosotros.
Al pronunciar la última palabra hizo un gesto como de despecho, meneando la cabeza hacia un lado en señal de desprecio, como dirigiéndose a esa joven camarera y a todo el mundo contra él. -Casas,coches, ropa cara..¿para qué?
-No me refiero a eso. No sé, un plato caliente, algo de abrigo...
-Voy a responderte a tu pregunta de una forma en la que puedas entenderlo. ¿Tienes perro?
Más de una vez la había visto paseándolo por la noche. Ella no entendía nada. Él lo notó y repitió: ¿Tienes perro?
-Sí, lo tengo.
-Bien. Entonces sabrás cómo es; llegas a casa después del trabajo y viene corriendo a recibirte meneando el rabo, te despiertas por la mañana y te trae las zapatillas, se te acerca para que le rasques las orejas...¿no?
-Sí.
-A mí me pasa un poco eso. ¿Acaso necesita algo más tu perro? La compañía, tu compañía, le beneficia el resto de las cosas. Comida, hogar, amor. Lo tiene todo. Por tu compañía. Tiene todo lo que le falta a un perro abandonado. Un perro abandonado quizá tenga comida, o un refugio. Pero no tiene compañía, no tiene amor. Por eso me gasto el dinero en putas. No necesito una casa, o algo de abrigo. Mi frío va por dentro. Y esas putas, están tan solas como yo en la mayoría de las veces. No voy para follar, alguna vez lo he hecho, pero voy porque esas mujeres me proporcionan compañía, conversación, igual que yo a ellas. No me interesa la conversación o la compañía de otra gente. Ellas saben de la vida, como yo. Ellas han buscado su camino de la forma en que han podido, han soportado más mierda que todas las personas de este bar juntas. Saben. Y hacen que yo sepa más. Voy y duermo en una cama caliente, tengo compañía y ¿sabes qué es lo mejor?
Tragó saliva.
-Mientras hablo contigo puedo sentir tu compasión, tu lástima. Ellas no me compadecen. Puede que algunas me entiendan, pero no me compadecen. Eso es lo único que busco. No sólo busco placer, la cuestión es que me dan lo que necesito. Me rascan las orejas como tú haces con tu perro porque lo quieres. Me dan cariño y hasta se alegran de verme cuando voy. Me enseñan de la vida y se parecen a mí: No quieren que las compadezcan, buscan respeto, y se ganan la vida día a día. No tienen nada asegurado y viven sólo por y para ellas. Y también quieren compañía. Alguien que no quiera sólo su cuerpo. Alguien que las escuche...
La camarera no era capaz de articular palabra.
-Lo siento.
Fue lo único que logró decir. El mendigo se echó a reír. Su descarada carcajada la sacó de su ensimismamiento.
-Quiero decir...no, no es que te compadezca, me refiero a que siento haberlo hecho...
-No lo sientas. Todos lo hacen. Sólo una cosa más: No hay nada peor que la soledad. Acompaña, aprende, vive. Es lo único que cuenta.

Pagó el café de nuevo y se marchó.

jueves, 1 de mayo de 2014

<< flores >>

El corazón vacío y las esperanzas rotas. Un tic-tac retumba en mi cabeza y me dice que a esta historia se le han gastado los minutos, que no te espere y que las flores te huelen mejor desde que yo no estoy. Vaya tontería. Yo soy tu flor. Solías olisquearme el hueco entre la nuca y la melena y susurrarme que no todo era malo en este mundo y que en esta vida las cosas bonitas hay que vivirlas dos veces. Que por eso venías a verme dos veces a la semana y por eso siempre me besabas dos veces antes de marcharte. Y no sé, pero ahora a mi almohada le falta una cabeza y creo que yo estoy a punto de perder la mía...También solías decir que no había cosa que más te embriagara que el olor de los narcisos y que yo era el tuyo.
¿Quién sabe a qué huelen los narcisos?
¿A quién le importa?
Creo que por eso te fijaste en mí; a cualquiera le gusta el olor de una rosa o de una margarita, pero no todos son capaces de apreciar la belleza de una flor
 exótica,
bonita 
y con espinas 
pero que es única en su especie...
quizá te pinche otra vez y vuelvas para quedarte. No sé. (te) espero.

  

domingo, 20 de abril de 2014

Ella llevaba las ganas de explorar colgadas del flequillo. Él sólo era feliz cuando encontraba lo que buscaba sin saberlo. Ella tenía unos ojos que podían confundirse con dos astros entre Júpiter y Venus, siempre con la mirada distante y la sonrisa en el rostro por defecto. Siempre callada, siempre atenta. Soñaba. Buscaba. Él nunca era feliz del todo porque siempre le faltaba algo. Siempre buscaba éso que le daría la felicidad absoluta, entre faldas, en caprichos, en noches de mala Luna, en malos versos de poetas tristes; por eso no lo encontraba, porque a veces es más fácil encontrar cuando no buscas nada...

Se conocieron en Noviembre. Él se escondía detrás de su paraguas, ella miraba las nubes, nostálgica, mientras dejaba que la lluvia empapara su rostro corriéndole el rímel y el pintalabios. Ambos esperaban (sin saber muy bien a qué) en un semáforo. Él, distraído, sólo era capaz de mirarse los zapatos y preguntarse una vez más qué era eso que le hacía sentirse solo. Se puso en verde y no se dio cuenta. Ella andaba perdida preguntándose si en el rato que llevaba mirando hacia arriba habría dejado de mirar unas nubes para mirar otras; el cielo estaba totalmente encapotado y era imposible distinguir unas de otras. Se puso en verde y no se dio cuenta. El resto de la gente avanzó rápidamente para no llegar tarde a cualquiera de los tristes compromisos que tuvieran aquel 24 de Noviembre en sus tristes vidas. Ella perdió el equilibrio en un charco por alguna persona maleducada que tal vez ni se dio cuenta y se mojó las medias. Él se disculpó con una señora de abrigo de piel y moño porque le había dado con el paraguas. Entonces la miró. Por primera vez, se percató de la presencia de aquella chica pecosa, bajita, sonriente y empapada que no dejaba de mirar al cielo. Trató de pensar si ella estaba allí cuando el semáforo se había puesto en rojo hacía unos minutos, pero fue incapaz. Ella salió de su ensimismamiento y lo vio. Le sonrió. Él le tendió un pañuelo y se presentó. ¿Por qué lo hizo? Él era un hombre serio, algo triste e indeciso, pero sabía comportarse y no entendía por qué había sentido el impulso de acercarse a una desconocida en un paso de peatones. Ella le contestó sin que él le hubiera preguntado nada; no hizo falta.

-A mí a veces también me pasa.

-¿Cómo?

-Sí. Te cruzas con alguien por la calle y por alguna razón que desconozco sientes que tienes que decirle algo. Lo que sea. A mí me pasa siempre que me cruzo con alguien interesante. No sé, alguien que tiene pinta de escritor, artista, o camarero, o bibliotecario. No hay ninguna regla y tampoco importa. A veces no digo nada pero no puedo evitar observarlo hasta que saco una conclusión, sin ninguna validez, lógicamente, pero a mí me es suficiente. Y ahora sí, encantada, desconocido que acabo de conocer; yo no tengo nombre, te dejo que me inventes; ¿qué has visto en mí?

viernes, 11 de abril de 2014

Pólvora sentimental

A veces trato de pensar en una razón para escribir pero no logro dar con ninguna que me resulte convincente. Veo la barrita vertical parpadear constantemente sin darme un respiro, haciéndome sentir que todos los sentimientos ciclónicos que habitan en el corazón y alrededores van a hacerme reventar en cualquier momento si no encuentran una vía de escape. Pólvora. Pólvora en vena, en corazón, en garganta.

Después me acuerdo de lo que quiero y todo sale a borbotones;
(Quiero) Alguien que me desordene el pelo y el interior; que me busque en las caras de los desconocidos en el autobús, que me vea entre la gente por Gran Vía. Que sepa hacer de mí un lugar bonito; un nido de aves migratorias e indecisas de mi cabeza, donde parar a reponer fuerzas y a saciar su sed de mí, con palabras bonitas, con necesidades absurdas que sólo a él le complementen, algo así como un "cántame" y un par de arañazos a la guitarra para complacerme. Un 'dos' que ahora ya sólo sepa ser 'uno'. Quiero que me lea en cada uno de los versos de sus libros. Que me huela en cualquiera de los perfumes de la sección de droguería del supermercado. Quiero que me entienda cuando quiera que me preste un poquito de su aire para respirar cuando el mío esté demasiado contaminado. Quiero que sea capaz de reinventar mi risa cuando en mí sólo quepa la tristeza. Quiero que me conozca y me ayude a conocerme. Que me presente paisajes infinitos como si fueran el lugar más afrodisíaco y romántico del mundo, que sepa hacer magia con los gestos y las miradas, con la vida, con las manos. Que haga de mí Luz. Que sus efectos especiales consistan sólo en el factor sorpresa de reírse en el momento menos apropiado y saber encontrarme sea cual sea el recóndito lugar de mi interior en el que me esconda. No necesito más (tampoco poco), alguien que haga desaparecer el pánico, el vértigo y todo lo malo aunque estemos en el lugar más alto de nosotros mismos. Quiero que sea capaz de localizar automáticamente el epicentro de mis cosquillas, mis deseos, mis defectos. Quiero que se ría de todos ellos y sonría por todas mis virtudes. Y yo, por mi parte, tomaré sus virtudes como epicentro de mi felicidad, y sus defectos como centro de expresión de toda mi magia en su máximo esplendor. Buscaré los paisajes más bellos a lo largo de su cuerpo y sus efectos especiales entre sus dientes cuando me sonría. Desordenaré su interior y lo llenaré de pájaros que le hagan ser un poquito más niño y por consecuencia un poquito más feliz. No querré otros versos que los que me recite, y me dejaré encontrar en todas las estaciones y las calles siempre y cuando sepa que me busca. Y sobretodo prometo no apagarme nunca. Dejaré mi luz en sus manos para que me haga brillar y mi risa en su cabeza para que me escuche cuando me eche de menos.


martes, 25 de marzo de 2014

Confío en ti, primavera; llévate el frío de mis manos y pon amor y felicidad en su lugar.

A veces todavía te echo de menos.
Recorro mis mejillas y noto cómo extrañan tus manos. Salgo a la calle para olvidar(te) y el viento y sus silbidos me recuerdan que ahora a mi cuello le faltan tus suspiros. No hay salida; pero a los que pregunten, diles que te echo de menos sólo porque sí, no des explicaciones. Nadie quiere escucharlas. Nadie las entendería. A mí me llamarían loca y a ti te culparían por haberme seguido la corriente al menos un par de ratos...pero tranquilo; me conformo; es más de lo que cualquiera habría hecho. Y aunque ahora tenga que volver a coserme el corazón porque desde que te conoció le han entrado las prisas; un instinto suicida que le obliga a enamorarse en cuanto le dan un poquito de cariño, sé que habrás valido la pena. Sé que el tiempo establecido era el correcto y que todas las heridas, aunque no cierren, dejan de doler...


La primavera también empieza a poner de su parte; pronto dejaré de necesitarte.


lunes, 17 de marzo de 2014

<< P o l v o >>

Tengo el corazón hecho trizas y la cabeza falta de inspiración y paz. Quizá vayan unidas, o quizá guerra signifique inspiración y buscar paz me impida escribir algo que realmente valga la pena.  Sólo sé escribir de rabia, cólera, frustración, tristeza, muerte, Vida, Revolución y Arte. Quizá valga la pena, quizá no engañarme y saber cuándo estoy viva y cuando no, sea lo único que cuenta. Las ganas de salvarme. De Vida. Y aquí estoy, pólvora, preguntándome por qué las almas tristes buscan paz bajo tierra; almas tristes, que regalan flores a otras almas que ya no son más que eso, almas, tristes, puras, incluso vivas. Tampoco importa, la cuestión es que hace ya tiempo que creo que cuando la Tierra no llora, o ríe, es igual, nace una flor. Y esto me hace pensar que las flores no son para las almas tristes y bajo tierra, sino para los vivos, con ganas de salvarse, locos por el Arte, locos por sentir, locos por vivir.

Yo quiero ser polvo. Ceniza, lluvia, río, montaña. Quiero ser un alma errante, que viaje, con alas, viva. No quiero flores en la barriga ni tierra que me encierre e impida volar. Quiero Vida, quiero flores. Y versos, poesía, canciones. Quiero noches reversibles y sueños y magia. Quiero volver a bailar en la cornisa del piso 23 la canción más hermosa del mundo, quiero no llegar tarde a la estación y perder el tren, no equivocarme de andén, aprender, reaprender que el  mío s i e m p r e será el número 10.

martes, 11 de marzo de 2014

Sobre el tic-tac y el tú

Hoy vengo a hablaros del te. Del te,de ti,de contigo. Del te busco, te quiero, te espero, te necesito, y ojalá, te tengo, te preparo café, te beso y te vuelvo un poco más poeta.
También podría hablaros del te quiero; del te quiero comer, beber, tener, conocer. Del te quiero mío. Del me quiero tuya. De lo cursi que me vuelves y lo poco que me aguanto cuando te escribo estas cosas. Pero da igual. Tú sigues siendo tú, te, ti, pero no conmigo. Y a lo mejor es mejor así.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Sobre el desahogo, las prioridades y el amor propio

He de decir que no sé por qué escribo. Al menos no esta noche. Tantas van ya, que he perdido la cuenta. He escrito por nada, para nadie, pero siempre para aliviarme, para liberar un trocito de alma con palabras, como si mis pulmones recibieran más oxígeno cuando he soltado éso que tanto me ahogaba y necesitaba decir, o escribir, es igual. Tantas veces ese ahogo ha sido un 'no sé', que hoy ya no me asombra. Sólo escribo. Escribo porque tengo la necesidad de llenar con versos todos mis vacíos, de sustituir con palabras bonitas todo el amor propio que me falta. ¿Cómo van a quererme si no sé quererme yo? Ya me han querido, mal. Ya he querido, peor. Varias veces he sentido, varias veces he estado en lo alto, y alguna más en la mierda. Pero ahora ya ni siquiera soy capaz de plantearme de forma coherente mis prioridades: quererme, curarme, y después, con suerte, querer y ser querida. Y no es egoísmo, es que creo que no puedes querer bien a nadie si no te quieres y valoras tú. No puedes pretender que alguien te lama las heridas si tú no has reconocido antes que las tienes. En carne viva. Después viene lo de curar el alma. Limpia de pecados, errores y putadas, sólo así, dejará de escocer. Una vez sana, se trata de querer. Querer, desde dentro. Con todas las ganas, de corazón, pulmón, estómago y garganta. Por la falta de aire en los pulmones,, las mariposas en el estómago,los nudos en la garganta y el miedo del corazón. Miedo a que no te quieran, a que sólo una garganta sufra, seca; que sólo uno mate con sus palabras el dolor, en cualquier rincón, escribiendo, curándose, sacándose cuidadosamente pero de golpe todas y cada una de las espinas. O algo así.

lunes, 3 de febrero de 2014

A falta de creencias y de expectativas firmes, en este invierno desolador, busco alguien real. Real, con todo lo que eso conlleva, con idas y venidas, con cagadas implícitas, con momentos en la cima y por debajo de la mierda. Con universos por descurbir, vidas locas por salvarse, vidas locas por vivir. Que sea en Abril y en Diciembre. Amigo del otoño y de sus hojas secas. Encantado con el mundo las noches de Luna llena y desencantado cuando no caben las risas. Alguien que sienta el verano, la primavera y el otoño, y que deje que el invierno hiele incluso los latidos. Que ni entienda, ni sepa, ni quiera saber.  Que sea, que esté, que sienta. Artista, poeta,  musa, o amante de cualquiera de los anteriores. Que brille, que explote, que sea diamante, estrella, sol, fuego, magia. Que cuando sea necesario sepa ser y dar Amor, escalofrío, hielo, poema, temblor y acompañante en los inviernos que me quedan, que este ya es demasiado frío y no hay tiempo suficiente para encontrarle cura...

jueves, 23 de enero de 2014

Hemos escrito de poetas, de lunares, de Madrid, del Sol, de sonrisas, de tejados, de corazones, de cigarrillos de después, de clavículas, de guitarras desafinadas, de putas desafortunadas, de gatos negros, la Luna, de estaciones, de primaveras e inviernos, de Soledades, Amor, Arte; de canciones, de desAmor, de café, de drogas y de Amor otra vez, de bailes, de vivir o morir por alguien. Hemos hablado de la vida,de los bares, la cerveza, los partidos, las calles y callejones, los ojos tristes, la mierda, la gente, la necesidad de un alguien, de una musa, un amigo o alguien con quien echar un polvo.
¿Qué nos queda ya? Supongo que las ganas. Las ganas de suerte, de cambio, de días de 10, de noches tristes y con acompañante. De conciertos, de Vida, de escribir de algo sobre lo que nadie haya escrito antes, de sentir algo que tampoco se haya sentido y hablar de algo que no sean repeticiones. De que te escuchen sin que nadie entienda, pero te escuchen; sin ensayo alguno acerca de éso,y con un mundo entero detrás. 

Sobre algo nuevo, que sea mi musa única y propia. 
Sin competencia, sin compañía, sin nadie;
 sin nadie que diga sentir lo que no siente, sin riesgo a que nos engañen con palabras de otro.