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miércoles, 24 de agosto de 2016

Déjà vecu-déjà senti

Todavía no sé muy bien dónde estoy. Huele a mar y a vida y sólo se escucha el ruido de las olas.
Respiro.
Resurjo.
Resucito.
La arena fría en los pies como remedio para casi cualquier enfermedad.
Se nos han calmado las aguas y es de noche; baja la marea y me quedo a oscuras.
Silencio.
Silbidos y viento.
La brisa y la ausencia de prisa; contradicciones de costa que hacen que todo parezca más fácil.
El mundo vuelve a ser un lugar mejor;
Recupero la fe.
Vuelvo a estar en paz porque ya sé lo que me falta.

Ya lo dijo Cortázar: nadie elige la lluvia que le va a calar hasta los huesos al salir de un concierto.
Yo estoy calada y tú has vuelto a llover.
—Gracias; menos mal.
Y no dejes de hacerlo nunca.

2 comentarios:

  1. Saber lo que queremos es primordial en tantas cosas para decidir bien.

    Dulces besos siempre para ti.

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  2. Me agrada esa necesidad de ser en el otro y que éste sea en nosotros, pero no hasta la indefensión, no con el influjo de los cuerpos atrapados en las mareas, sino con la libre circunstancia, la libre elección del abrazo predispuesto a dejarnos.

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