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jueves, 28 de noviembre de 2013

Recitarte cada tarde a las 7:25

Me jode porque creía que la poesía era la única incapaz de traicionarme; Porque pensé que las letras y yo siempre nos llevaríamos bien, y que las palabras jamás tratarían de entenderme, pero que no por eso me dejarían...

Parece que hay veces que incluso sin hacer nada nos estamos equivocando, quizá incluso puede que ése sea el problema. Puede ser también que ande falta de inspiración, o respiración, no sé, sólo sé lo mucho que duele cada vez que sonríes hacia otra dirección...siempre sonreíste para ti, y ¿ahora qué? regalas las sonrisas como si no te hicieran falta, y créeme, que yo que te he visto ser cuando te creías una mierda, cuando dejabas de ser, cuando no eras quien querías, cuando sólo eras conmigo y cuando eres sin mí, puedo jurar que es lo que mejor te queda... 
Quizá el problema es que no somos los de antes. Ya no te importan las palabras; no crees en la poesía, ni en las letras, ni en la vida. Quizá éste sí sea el problema; ¿qué veo, qué busco en ti? Alguien que desde que ya no es conmigo se ha olvidado de los versos, de Bécquer, de Cortázar, y de ser sin racionalizar, relativizar, y toda esa mierda...

Joder, ya no me aguanto. Necesito que vengas, que me veas, que me sientas y me digas una vez más que echas de menos los versos, que sin ellos ya no eres y que me necesitas para aprender a recitarte.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Él café

A ti, café, porque está lloviendo, está oscuro y yo estoy sola, fría y engañándome a mí misma como cada noche;
esta vez no me escribo, te escribo.

Todavía pienso de vez en cuando en las comillas que se forman a cada lado de tu boca cuando te sonríes. Sí, te sonríes; no sonríes para nadie, sólo sonríes, porque quieres. Y créeme, si yo fuera tú también me sonreiría...

Y de vez en cuando caigo en la cuenta de que la lluvia viene y va con la misma volatilidad que cualquiera que quiere huir pero no sabe cómo.

Todavía tengo insomnio, no sé, puede que sea el café, o puede que seas tú, o puede que sea lo mismo...
Quizá es el café de tus ojos el que no me deja conciliar el sueño, atrayendo a mi cabeza y corazón todos aquellos efímeros instantes en los que lo único que nos importaba era no mojarnos mucho de camino a casa; y míranos, al final acabábamos siempre calados hasta los huesos por un agua de lluvia emocional que nos limpiaba con cada gota un trocito del alma, curando, anestesiando.

¿Y sabes de qué me sirve echarte de menos? Para pensar; o para autodestruirme; es igual. La cuestión es que hace un par de horas que me desperté, serían aproximadamente las 3a.m y ahora, una vez de todas las que te he pensado desde que entendí que el vacío que sentía era tu ausencia y el echarte de menos de ésa forma,  he entendido que las palabras ni valen ni dicen una mierda; y te lo digo yo, que vivo por y para ellas.

Quiero decir que yo sólo de pena te escribo, y hablando claro y en general, te cuento que cuando te buscas en alguien no lo haces con palabras, sino con miradas, gestos, sonrisas; y no siempre te encuentras. Y a veces llega un momento en que cuando estás perdido, decides intentar escribirte a ti mismo para entenderte, como si fuera para ordenar tus ideas o para evitar morirte de pena sólo por pensar en que en vez de invertir tu tiempo en tazas de café con él y la cafeína de sus ojos, lo malgastas en tazas de descafeinado de sobre con azúcar por su insomnio, escribiéndole para amortiguar el dolor, sin entender que no por hacerlo vas a no-sentir nada, y mucho menos a cambiar las cosas; sólo sirve para conocerte mejor, o para autoengañarte, qué sé yo, en el fondo creo que todos vivimos de mentiras, y que las palabras son las únicas culpables;

a mí tus ojos nunca me engañaron...


domingo, 3 de noviembre de 2013

En mis dedos se concentran todas las ganas del mundo de escribirte en forma de electricidad, por eso ardo si me tocan...

No sé si mis ganas de escribirte permanecen en mis manos 25h al día sólo para que tu recuerdo no duela tanto; también puede ser que mi subconsciente ande pegando patadas al riñón y los pulmones por el remordimiento que me produce el no poder ni tan siquiera mirarte a los ojos...y vete tú a saber si el corazón se acuerda de ti más de la cuenta y eso de la ciudad del amor, si allí sólo estás tú con nosotros no funciona...

Creo que tengo ganas de vomitar. Puede que sea por eso de las mariposas, o puede que sólo sea por el asco que me da todo lo que no seas tú.

Puede ser que necesite que las cosas por una vez sean fáciles. O quizá  me valga con olvidar por completo el significado de esa palabra que tanto asco me produce pronunciar, y más si seguidamente las letras de tu nombre se abalanzan en fila india sobre mi cabeza...Y me turbo, y sueño, y pienso, y temo. Y odio. Y de nuevo esas horribles ganas de vomitar.

 Tengo el corazón exhausto de tanto sentir, y algo dentro de mí que me impide dar un paso en tu dirección sin sentirme gilipollas, y no sé, a lo mejor es por algo; a lo mejor no debería sentir, ni acercarme, o a lo mejor sólo estoy esperando a que lo hagas tú...