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domingo, 11 de septiembre de 2016

Tropiezos en la memoria

Todavía temo el impacto, pero sigo sin saber abrocharme el cinturón de in-seguridad.
Sin opción a salvavidas es muy  difícil que no duela el corazón.
Hoy escribo por, pero sin finalidad.
No sé hacia dónde voy ni tampoco con quién.

Dejad ya de echarme sal en las heridas: yo no quiero cicatrizar; Olvidar es no saber perder.

La cosa a la que más temo es el olvido y supongo que así duele más, pero también se aprende.

Quizá algunos recuerdos duelan (os permitiré por hoy esta licencia; para mí solo nosotros nos hacemos daño) pero alguien me dijo una vez que quien olvida corre el riesgo de volver a equivocarse.

Esta es la historia que nunca deja de repetirse. Con un final entre interrogaciones y las dudas a flor de piel. ¿Quién en su sano juicio querría quedarse a vivir aquí?
Yo no olvido: cambio.
No tropiezo dos veces en la misma piedra porque tropiezo con cientos diferentes.
Y avanzo.

3 comentarios:

  1. Sólo se olvida lo que no es útil, lo demás se tiene presente para no tropezar otra vez y no dejar nunca de avanzar que es lo importante.

    Dulces besitos Lucía y dulce semana.

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  2. Cuando duele el corazón también se gesta la belleza.

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  3. Las huellas dejan su marca en el olvido.

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