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jueves, 22 de septiembre de 2016

305kilómetros.

Los hay con suerte y los hay que no pueden dejar de mirarse en los mismos espejos rotos. 
Y así es imposible verse bien.

Yo ya no sé dónde mirarme si no es en tus ojos. 
Supongo que me duele comprender que desde que estás tan lejos me cuesta mucho más abrir los ojos por las mañanas, porque no hay nada que lo haga interesante.
Y me miro en el espejo y no soy capaz de reconocerme. 
No encuentro la razón para decirme a mí misma que qué más da la imagen que éste me devuelva, que soy quien yo quiero ser y quien yo sé que soy. Que no es el espejo el que decide, que es mi interior quien me lo grita: me escupe todas las verdades en la cara para convencerme de que sin ti quizá sea un poco menos guapa, pero exactamente igual de mía y de tuya. De nuestra.

No sabes cómo me cuesta cada latido últimamente. 
Con este nudo en la garganta veinticuatro horas al día y la angustia en el pecho cada noche. 
Y para que lo sepas: lo peor de la angustia es no poder llorarla, porque se enquista. 
¿O sí que puedo llorarte?
Estoy harta de echarnos de menos. 
No sabes la mierda que me parece todo últimamente. 
Sigo respirando pero con la rabia de no atreverme a huir hacia ti para que nos salves.
Y de verdad que no me sacia nada. 

Tic. Tac. Tic. Tac. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. ¿Todavía no estás aquí?


domingo, 11 de septiembre de 2016

Tropiezos en la memoria

Todavía temo el impacto, pero sigo sin saber abrocharme el cinturón de in-seguridad.
Sin opción a salvavidas es muy  difícil que no duela el corazón.
Hoy escribo por, pero sin finalidad.
No sé hacia dónde voy ni tampoco con quién.

Dejad ya de echarme sal en las heridas: yo no quiero cicatrizar; Olvidar es no saber perder.

La cosa a la que más temo es el olvido y supongo que así duele más, pero también se aprende.

Quizá algunos recuerdos duelan (os permitiré por hoy esta licencia; para mí solo nosotros nos hacemos daño) pero alguien me dijo una vez que quien olvida corre el riesgo de volver a equivocarse.

Esta es la historia que nunca deja de repetirse. Con un final entre interrogaciones y las dudas a flor de piel. ¿Quién en su sano juicio querría quedarse a vivir aquí?
Yo no olvido: cambio.
No tropiezo dos veces en la misma piedra porque tropiezo con cientos diferentes.
Y avanzo.