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lunes, 31 de agosto de 2015

Sobre cuando el verano -y la revolución- está dentro de uno

La cruda realidad de saberse con el agua hasta el cuello por haber tomado la decisión de exponer los sentimientos a flor de piel a todo lo que me recuerdas una maldita noche de agosto.  Supongo que el olor a pólvora y a tierra mojada y todo el estupor propio de las noches de verano son cosas a las que ya nos hemos acostumbrado y que hacen a la vida un poco más vida:
Supongo que las flores también crecen en los cementerios. 
Pequeñas contradicciones (en cierta manera endémicas y propias del ser) que nacen con cada individuo y van adquiriendo distintos tonos, van tiñéndose de sus miedos, sus sueños, sus aspiraciones...van formándose y conforman lo que somos. Porque cuando nos dejamos libres es cuando aprendemos a ser: comprendemos la libertad en cada ventana, entrando y saliendo a sus anchas de nuestras casas con la brisa fresca del verano haciendo hondear las cortinas a modo de bandera. Una especie de "ya estoy aquí, y vengo para quedarme".

Porque el verano no hace la revolución, pero revoluciona. Despierta los sentidos, la gente, la risa, la luz. Y ardemos. Y sin previa declaración de guerra y a contrarreloj, arremetemos contra todo. Nos rebelamos, haciendo caso omiso a los 'alto al fuego' que nos suplican los pulmones. Porque están exhaustos, pero la garganta nos pide sangre, aire, esperanza. Nos pide batalla. Y se la estamos dando. 
Porque no hay nada peor -o mejor- que las almas dominadas por el fuego de la revolución. Porque al despojarnos del miedo a perder, ya no perdemos ni tenemos nada que perder. Es todo una cuestión de perspectiva. 
Y da igual la estación, el mes, o el día.

Porque el verano nos hace libres. Porque en cada invierno, cada primavera y cada otoño, permanece en nuestro interior un atisbo de verano; una presunción de inocencia del espíritu, un indicio de que la guerra no ha terminado y que sigues por aquí...; que resiste, que lucha por salir, que grita por salvarse, que llama a las armas y a la revolución a la garganta, el pulmón, el corazón. Que le baila el agua a la esperanza, que le da esperanza a la razón. 

Porque las gargantas secas solo necesitan gritar que tienen sed. 

Porque un verano reside en ti, igual que tú resides en mí. (Ojalá ser yo también tu verano...)
Y me llamas a las armas y a la revolución.
Y creo que estamos en agosto. Pero también podría ser enero.

Porque eres indicio, presunción y atisbo de verano y de todo lo que esta estación connota;
calor, luz, alegría, poesía, revolución, arte, color, amor, libertad, ruido, nostalgia, ganas, verdad, aire...y al final, calma. Y un verano invencible.





4 comentarios:

  1. Me ha encantando acabar en tu rincón y verme rodeado por tus palabras. Sin duda me quedaré por aquí mucho tiempo. Un abrazo gigante.

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  2. No solo el verano debería tener esa revolución, que la vida se hace en las cuatro estaciones. Ya encontré el camino de regreso, gracias por indicármelo ;)

    Dulces besos para ti.

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  3. Que nuestra vida sea como un verano eterno...
    Precioso.

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  4. Que nuestra vida sea como un verano eterno...
    Precioso.

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