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martes, 5 de mayo de 2015

Hoy te escribo a ti

Digamos que me he hartado de hablar de ti a quien no le importas, de ponerte nombres y de buscarte donde sé que no estás, así que hoy he decidido escribirte a ti, pero sin nombrarte (que ya sabes que últimamente me hace mucho daño...)

Querido X,
no sé cuánto tiempo ha pasado ya, y tampoco sé hasta cuando. Tú ya sabes de lo que hablo.
Quizá no te interese, quizá no te rías ni llores, ni sientas nada y quizá sea todo solo porque soy yo quien escribe. Quien siente, quien padece, quien no puede más. 
Pero créeme, que esta vez, no es por placer ni ocio, sino necesidad. Este cuerpo consumido de tristezas me pide a gritos ahogados que te cuente esas cosas que me arañaron las cuerdas vocales intentando salir cada vez que te tuve delante, de tonos grises, ni blancas ni negras, pero que no fui capaz de pronunciar. Y por eso, hoy pruebo suerte una vez más, sin saber si las letras estarán de mi parte. 

Te echo de menos cuando nunca has estado del todo, te quiero cuando sé que ni puedo ni debo, y me duele como si se pudiera morir de desamor. 
Dicen, que todo lo que pasa es necesario (o por el contrario, me quedaré sin ti...)
Dicen que hay sueños lentos y aviones veloces.
Dicen que hay canciones que levantan a los muertos, 
y ni por esas.

Necesito que llueva y mojar mis ideas, alejarme de ti o que te marches, pero que ya no vuelvas. Porque si lo haces, cuando vuelves, yo también lo hago. Vuelvo a caer y a joderme y a echarte de menos cuando nunca has estado del todo. ¿Entiendes? No sé si soy capaz de expresarme, son demasiados meses y sentimientos y tan solo estas manos. Y cientos de letras amontonadas buscando una forma de tomar sentido. 

Fuera de lugar; perdida. Un baile nupcial con zapatos de tacón en medio de un charco. Lo bohème de lo bohème encerrado en un laboratorio.

Pero no vengo a contarte todo esto. Tómatelo como una triste introducción a todo lo que no soy por tu culpa, y todo lo que soy gracias a ti. Una forma de contarte cómo la suerte ha huido de mi camino desde el día que nos encontramos.

Solo venía a decirte, para que lo sepas. Y también, que alguien me cantó una vez que cuando una puerta se cierra, siempre se abre una ventana. Y que hay que tomárselo con ganas. 
Y que ni lloro, ni ladro, ni muerdo. 
Ya solo quiero que venga el tiempo, y este dolor, esta ausencia, este vacío, desaparezca.

No te sientas culpable.
No me compadezcas.
No cambies de opinión.
Solo quería que sepas. 
Con eso basta, y con eso duele.
Tranquilo,
nada es para siempre.
Y el tiempo pasa. 
Y lo que hoy duele, mañana solo escuece.  
Te echo de menos, una vez más.
                                                                                                                                       L.

2 comentarios:

  1. Nada es para siempre, aunque no s epoda evitar extrañar lo que alguna vez te hizo feliz. Es la parte dura de la vida y la que hay que saber llevar para seguir.

    Besos muy dulces y linda semana.

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  2. Es curioso cómo la tristeza y el dolor dan lugar a textos tan hermosos como este.

    Un beso.

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