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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hoy, 24 de Diciembre, sigo echándote de menos

Ni Frida Kahlo en su mejor momento hubiera sido capaz de imaginarse y pintar tus ojos tristes...
Ni el Empire State, la estatua de la Libertad, el Big Ben, el London Eye, pueden compararse a tu grandeza.
Ni la mismísima Toscana podría hecerle competencia al color y a la luz que amanece en tu sonrisa cuando la miro, y de verdad, que me encantaría decir cuando me miras...
Dime, si es posible, si acaso sucede alguna vez...¿quién te vio y no te recuerda?
Personne, mon amour.

Nadie apaga tu brillo, ni duerme tu sueño, ni siente tu Alma.
Y qué si me creo poeta y soy mujer. Y qué. Yo no escribo a una musa preciosa de labios rojos y andares inconformistas, con ojos y ojeras grandes y sueños inmensos, de piernas largas y vidas intensas. De mala suerte, de buena fortuna, de cafés, cervezas, guitarras y sexo descontrolado. Yo no hablo de la tristeza que se anuda en su pecho y echando raíces, arraiga en los demás. No. Yo sólo hablo de ti. Hablo de ti, que eres paisaje y alegría. Hablo de ti, tan guapo, tan tuyo, tan luminoso y tan resplandeciente, porque te siento diferente y porque contigo cambiar el mundo deja de parecerme una utopía. Hablo de ti, porque eres tú, y eres mayor razón que todas esas jodidas mujeres con suerte que alguna vez se creyeron musas para un hombre que hoy, ya las habrá olvidado.

Yo no te olvido. Ni aunque lo intente, ni aunque sé que debería.
Sólo diré una cosa: No eres musa, pero eres.
Y eso siempre es mucho más.

Feliz Navidad,
o lo que sea esto.

Joder.
Te echo de menos.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Derrames sentimentales, Vol II

[Ya no sé pensarte sin hacerme daño...]

De verdad,
ya no soy la que te echa de menos.
O ya no soy sólo yo.
Ahora te echan de menos mis pestañas, mis pupilas, mi cuello, las piernas, los talones, las costillas, los pulmones, el hígado, el corazón...y qué coño quieres que les diga a todos ellos. Ellos no entienden que ya no estés aquí, no puedo hablarles de tu marcha y decirles que se acostumbren a no verte, olerte o sentirte nunca más. Y están jodidamente tristes y solos desde que te fuiste y yo, con el Alma a trozos, deshecha por dentro, tratando de reconstruirte y de encontrarte donde sé que ya no estás, tengo que reconocer que te estás apoderando también de mi cuerpo. Has desatado una cruenta y sangrienta guerra entre estos dedos que tratan de escribirte para que vuelvas, que para qué vuelves, o que por qué te has ido. Todo depende del momento y la forma que hayas elegido para acercarte, recuerdo, dolor, o tú sonrisa y tú, ojos de cristal, cínico y tan guapo como siempre al otro lado de la barra saludándome con la mano. Este es el caso esta vez. Y ya no puedo soportarlo más. Siento la electricidad que me recorre las manos teletransportándose, en milésimas de segundo, en chispazos incontrolables entre las letras y las falanges de mis dedos. Y no hay vuelta atrás, y ya no hay vuelta que sea tuya, o mía, o nuestra, y joder, qué angustia, no sé dónde estás ahora. Y todavía me escribes a menudo para preguntarme qué tal estoy y yo a menudo dudo si en realidad te importa. Y me sangra el corazón, y me duele verte con otras, en otras, para otras, por otras. Me duele no verte conmigo por y para mí. 

Joder,
no quiero quererte tanto, y quiero tanto quererme un poco más...