lunes, 13 de octubre de 2014

Derrames sentimentales, Vol I

Hoy por primera vez en mucho tiempo necesito inspiración; busco algo que me dé lo que hoy me falta para hablar de sea lo que sea que me carcome el alma y la cabeza, pero no sé qué es. Esta vez no interfiere la tristeza y no sé si quiero contaros que el amor es muy bonito si sabes con quién, o que la música es amiga de la Vida y de las noches de fiesta (y más cuando hay alcohol de por medio), pero que también sabe ser injusta y dañina cuando te ocupa el desamparo. Resumiendo, puede llenarte los vacíos o joderte la vida, todo depende de tu estado de ánimo y de tus ganas de rendirte ante sus acordes.
Pero no sé qué os estoy contando.
Tengo la necesidad de expresarme, derramarme, compartir cierta parte de lo que creo que, en esencia, somos yo y mis circunstancias en este momento:
no estamos tristes sino radiantes.

Es una sensación extraña no depender de nadie para hablar de algo que quizá sea nada, pero que me impide dormir y me obliga a soñar despierta. Y sorprendentemente quizá sea algo así como cuando eres feliz: nunca sabes que lo eres hasta que dejas de serlo. Siempre nos sentimos incompletos, siempre hay algo que nos falta, nos corta las alas y nos encadena al suelo. Pero qué ilusos somos: no nos damos cuenta de que la forma más bonita,y sobre todo eficaz de volar, es con la mente y el alma libres. Y con el sol de frente y el viento a favor. Con la alegría con forma de luna en los dientes y las estrellas más brillantes reflejadas en las pupilas; poco importa que sea de noche o de día.
Así que, supongo que aunque haya empezado sin saber muy bien por qué, de qué, o para qué, no es tan raro haber terminado hablando de los sueños. Soñar sin medida es un pleonasmo...