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martes, 19 de agosto de 2014

Precipicios [que ni en sueños]

Hay una limusina esperando en la puerta de mi casa. Las farolas iluminan la calle con una luz tenue, incluso triste, y todas las persianas de las ventanas de los edificios cercanos están bajadas. Todas menos una, la mía. El chófer espera apoyado en la puerta delantera, se prende un cigarro y mira el reloj. Y yo miro la calle. Me imagino que dentro de esa limusina vas tú, una botella de champagne y Lori Meyers sonando. (sé que nunca te gustó su música, pero esta vez no importa). Y me esperas. Esperas a que baje en mis tacones los escalones que separan mi portal de la carretera donde el chófer, impaciente, lleva ya dos cigarrillos esperándome. Y me sonríes. Yo le pido fuego a ese señor con perilla tan ocupado que lleva gorra, y entro,deslumbrante,por la puerta de atrás. Y me besas. Y se me seca la garganta cuando voy a preguntarte dónde me llevas. Entonces, sin hablarte, me respondes: "quizá a algún rincón bonito de esta sucia ciudad, o puede que a algún garito retro de las afueras, de esos donde el tequila sabe a pis de gato y las puertas de los baños están siempre rotas; qué importa, la cuestión es que te llevo." Ay,no sabes lo mucho que me gusta que me respondas sin necesidad de cuestionar nada, ¡no sabes el miedo que me da! Quizá por eso me gusta tanto..."Pare aquí, amigo", dices. Miro por la ventanilla y sólo veo oscuridad. Una noche de verano entre tantas; miles de estrellas que no alcanzamos a ver por la contaminación lumínica de esta maldita ciudad. Bajamos del coche. Hablas con el chófer por el lado de la ventanilla del conductor y le dices algo que no llego a entender.

Moi: ¿Adónde vamos?
Toi: ¿Dónde quieres que te lleve?
Moi: ¿Quieres decir que aún no sabes dónde vamos?
Toi: He formulado mal la pregunta: ¿Dónde crees que vamos?
Moi: Quiero bailar. Supongo que eso responde a tu pregunta.
Toi: Touché.
Me coges de la mano y me guías hasta un cartel de luces de neón. Ni siquiera reparo en el nombre de aquel garito, pero ponen buen blues y el ron cola está bastante bueno. Varias copas y muchos minutos después salimos del local. Yo me río. Tú me miras. Borrachos,felices, y me besas.
Toi: ¿Quién te ha robado la primavera?
Moi: No uses a La Fuga para ganarme ahora. Tengo el sí fácil y estoy borracha. Ya me tienes toda. No hace falta más.
Toi: ¿Quién subirá por ti a la Luna? ¿Quién bajará por tu edredón?
Mi gesto se torna serio. Se me inundan los ojos. Tantas noches después de aquello,se estaba repitiendo. Eras conmigo, y un poco mío, también.
Moi: Te he echado de menos.
Toi: Háblame en futuro,bonita. No quiero ser cursi pero el pasado ya no me interesa. No quiero dolerte más.
Moi: Ya no me dueles. No ahora. No hasta que te vayas otra vez. ¿Sabes? Llevas meses siendo deseo y sueño. Y hoy están tomando forma...
Toi: ¿Con qué soñabas?
Moi: Soñaba bailando. Cantando La fuga, bebiendo, y tú fumando. Tus ojos rojos y los míos tristes. Como siempre. Tus manos sujetando a duras penas los cigarrillos por el mal pulso, tus ojeras pidiéndome a gritos dormir conmigo y tus dientes implorándome que nos quedemos un ratito más mirando la luna. Soñaba esto. Soñaba mucho y deseaba muy fuerte que fueses real.

Entonces apagas el cigarrillo recién prendido y mientras pisas la colilla agarras mis mejillas entre tus dedos y lentamente te acercas y más lento,me besas.

Moi: y sueño...
Digo. Y despierto.

Fin del trayecto. Mi imaginación esta noche ya no da para más y tú sigues sin estar. Mejor será bajar de esta elegante limusina y volver a casa con los tacones de la mano y la boca con sabor a champagne y a ti. Mejor poner remedio ahora que todavía no hemos llegado a ninguna parte; antes de que mis miedos,y los tuyos,tengan fundamento y decir "sí", quizá, signifique lanzarnos al abismo...

viernes, 1 de agosto de 2014

tus metamorfosis y mi falta de fe

Mi vida últimamente deambula entre tonos teñidos de gris; entre dudas, ganas que no existen, cicatrices, dolor y falta de fe. Sobre todo eso. Falta de fe, porque me faltas, me haces falta o yo que sé. Nunca he creído en nada. No creo en Dios, no creo en mí, no creo en el destino, y tampoco en la poesía. Soy triste y terca, pero y qué. La soledad me ha apagado las luces y no me siento en la obligación de poner buena cara. Me dan igual los compromisos y la falta de educación; no necesito sonreír, sólo necesito que tú, allá donde estés, sepas hacerlo. Y ya está. Estoy cansada de paisajes bonitos y carreteras cortadas, de mar con sabor a sal y de arena blanca. Harta. Me da igual, no me importa lo más mínimo y no tengo, ni finjo ningún interés. Me basta, me sobra con cuatro fotos de hace meses, un par de libros, mucho café y pocas ganas de soñar. Porque dicen que hacen falta soñadores pero no dicen lo que duelen las pesadillas y más si éstas hablan de las despedidas...
Ya he llegado donde tenía que llegar; he disparado contra todo lo que no me gusta desde que no me sabe a ti y toda esta mierda ha vuelto a concluir en el mismo punto de partida:

jamás se me ha dado bien echarte de menos.

Joder. Mejor voy a dejarte aquí, parpadeando en la barrita del cursor hasta que lo que tenga que contarte no haga que me estalle el corazón...
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No sé a quién quiero engañar, quizá solamente a mí; mi vida es gris ceniza desde que te fuiste y tú me arañas el alma con cada una de tus metamorfosis; canción, color, olor, ojos, boca, poema, flor, banco, precipicio, lluvia...joder, que todo me habla de ti y a mí ya se me han desgastado las suelas de los zapatos de ir a buscarte.