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miércoles, 14 de agosto de 2013

Temer el tiempo, amar el amor, odiar el odio. Primera parte.

Somos tan simples...
tememos el tiempo,
amamos el amor,
odiamos el odio.

Tememos el tiempo porque en cualquier momento puede jodernos la vida; como cuando llueve. Sí, como cuando llueve. Voy a contaros una historia, mi historia; voy a contaros por qué temo el tiempo, amo el amor y odio el odio.

-Temer el tiempo

Estaba lloviendo, podía verlo, olerlo, oírlo, sentirlo.
Fuera llovía y dentro de mí, nada. Estaba vacía, deshecha, vulnerable, impotente, sola.
Ella era mi única compañía, la más puta de todas, tan fría, tan jodida...Soledad.
¿Y acaso hay algo peor que la soledad y el tiempo?
¿Acaso hay algo peor que la soledad y el paso del tiempo?; Yo no temo el tiempo. Temo el paso del tiempo y sus cambios; los cambios que vienen -y no vienen- con él.

Estaba ahogándome en mí, así que salí a la lluvia. Y dejé que cada gota que caía sobre mí me inundara, me empapara de su alegría, y de esas nubes grises que me habían hecho despertar,que por primera vez en meses me habían hecho pensar en la luz que las seguiría.
Y me dejé ser.
Y por primera vez, me dejé sentir.
Y sentí. Sentí la lluvia mojando cada uno de mis sentidos, limpiándome. Limpiándome la soledad, el miedo, la memoria; calando mis recuerdos, ahogándolos, haciéndome olvidar.
Y lloví. Lloví como no había llovido nunca;
ahora llovía dentro, y fuera de mí.

Las nubes y yo llorábamos al mismo compás, y aunque parecía que el cielo iba a desplomarse sobre mi cabeza, a pesar de eso y a pesar de todo, yo llovía de alegría; ya sólo podía pensar en la luz que me ayudaría a recomponer cada pedacito de mi ser.

Entonces pasó.
Pasó el tiempo y sus no-cambios.

Vino la noche y seguía lloviendo. Y aunque sabía que en algún momento vendría la luz, me rompí. Me rompí en otros mil pedazos y entendí que somos esclavos del tiempo, que dependemos de él. Que no se debe esperar nada de nadie, ni siquiera del tiempo, que te promete la luz y la calma después de la tormenta y sólo cumple la mitad. Pero tranquilos, escampará. Y llegará la luz, permitiéndonos ver el tiempo y sus putadas para no volver a caer en su juego. Llegará. A su tiempo.
Y amaneció.

Desde entonces temo al tiempo y a sus cambios, pero también sé que cada cambio viene a su tiempo, y aprendí a no vivir esperando, aprendí a vivir viviendo, aunque aún, cuando llueve, temo que no cambie el tiempo y que la luz, esta vez, no llegue a tiempo.





8 comentarios:

  1. Todo tiene su momento y eso es una certeza, así como el tiempo marca la existencia.

    Un dulce beso para tu miércoles.

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    1. Gracias por leerme y por tu comentario.
      Un beso muy grande.

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  2. Muy bonita reflexión sobre el tiempo, como dice Dulce, todo tiene su momento.

    Espero leerte prontito! ;)

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    1. Muchas gracias:)
      intentaré actualizar pronto, un beso.

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  3. Aprender a vivir viviendo...cuantas veces deberíamos de repetirnos esto. Me ha encantado guapa, un abrazo :)

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  4. Tiempo al tiempo, decía mi abuela... Por cierto, gracias al tiempo encontré tu blog a tiempo.
    Salud-os

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