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viernes, 30 de agosto de 2013

Tu espalda. Y después, vértigo.

3 a.m

Miradas. Saliva. Sudor. Música. Co-razones ardientes. Y luego, tu espalda. Y vértigo. Y ganas, y grados, y gemidos, y gélido tu aliento sobre mi nuca, y grave tu voz desafinando para mí, y grande el desafío de tu boca hacia la mía.  Y ansiedad, insomnio, vértigo cuando desapareces. Y arañazos en mi espalda, marcas de ti y por ti, y de nuevo el aleatorio de canciones tristes que me entienden y hablan de ti. Y de nuevo un reloj impaciente que ha decidido joderme la vida y amargarme el resto de la noche. Un reloj que parece desear más que yo que no amanezca nunca más, o que alguien venga aquí a llamarme gilipollas y recordarme que nadie mejor que yo sabía el vacío que dejarías en mí al irte. Pero, ¿ qué querías que hiciera? Si yo sólo esperaba que tuvieras tantas ganas de dormir conmigo como yo de que te quedaras tranquilamente respirando bajo mi oreja izquierda unos cuantos versos y humo, el humo que anestesia mis sentidos y que hace que me resienta y te reproche sin razón que no me besaras una vez más antes de irte.
Y así, en un paso, paso de estar a ras de cielo a estar a ras de suelo temiendo que me pises.

O que no lo hagas nunca más...

sábado, 17 de agosto de 2013

Temer el tiempo, amar el amor, odiar el odio. Segunda parte.

Somos tan simples...
tememos el tiempo,
amamos el amor,
odiamos el odio.

Hoy voy a hablaros de por qué amo el amor y odio el odio.

-Amar el amor/odiar el odio

Amo el amor por las mismas razones que odio el odio.

¿Cómo no amar el amor, si casi todo lo bonito ha nacido de él? Las  mejores historias, las mejores poesías; los mejores versos los sangra el corazón...
Y ésta, es mi historia de amor-odio:

Canciones de una guitarra desafinada. Tu voz, y aquel gato maullando en el tejado de en frente.

No hay mejor indecisión que ésa; elegir entre amarte besando o amarte mientras cantas. Y cuántas veces la primera, y cuántas la segunda.

Será porque las siete letras de tu nombre suenan mejor cuando soy yo quien las pronuncia. O porque tu espalda ha soportado por mí más de lo que nunca hubiéramos imaginado. Pero qué más da el porqué. Lo que importa es que todo es mejor y más fácil desde que somos.


(...)

Y aquí me ves,jodida. Buscando unos labios que me digan que todo irá bien aunque ya no estés aquí; buscando alguien que me mienta para que pueda sentir sin que me escuezas.

— 

Dicen que las segundas partes no son buenas, pero yo necesito una segunda parte porque la primera no me dejó un buen sabor de boca. Y qué mejor forma de endulzar mi pobre boca que la tuya...




miércoles, 14 de agosto de 2013

Temer el tiempo, amar el amor, odiar el odio. Primera parte.

Somos tan simples...
tememos el tiempo,
amamos el amor,
odiamos el odio.

Tememos el tiempo porque en cualquier momento puede jodernos la vida; como cuando llueve. Sí, como cuando llueve. Voy a contaros una historia, mi historia; voy a contaros por qué temo el tiempo, amo el amor y odio el odio.

-Temer el tiempo

Estaba lloviendo, podía verlo, olerlo, oírlo, sentirlo.
Fuera llovía y dentro de mí, nada. Estaba vacía, deshecha, vulnerable, impotente, sola.
Ella era mi única compañía, la más puta de todas, tan fría, tan jodida...Soledad.
¿Y acaso hay algo peor que la soledad y el tiempo?
¿Acaso hay algo peor que la soledad y el paso del tiempo?; Yo no temo el tiempo. Temo el paso del tiempo y sus cambios; los cambios que vienen -y no vienen- con él.

Estaba ahogándome en mí, así que salí a la lluvia. Y dejé que cada gota que caía sobre mí me inundara, me empapara de su alegría, y de esas nubes grises que me habían hecho despertar,que por primera vez en meses me habían hecho pensar en la luz que las seguiría.
Y me dejé ser.
Y por primera vez, me dejé sentir.
Y sentí. Sentí la lluvia mojando cada uno de mis sentidos, limpiándome. Limpiándome la soledad, el miedo, la memoria; calando mis recuerdos, ahogándolos, haciéndome olvidar.
Y lloví. Lloví como no había llovido nunca;
ahora llovía dentro, y fuera de mí.

Las nubes y yo llorábamos al mismo compás, y aunque parecía que el cielo iba a desplomarse sobre mi cabeza, a pesar de eso y a pesar de todo, yo llovía de alegría; ya sólo podía pensar en la luz que me ayudaría a recomponer cada pedacito de mi ser.

Entonces pasó.
Pasó el tiempo y sus no-cambios.

Vino la noche y seguía lloviendo. Y aunque sabía que en algún momento vendría la luz, me rompí. Me rompí en otros mil pedazos y entendí que somos esclavos del tiempo, que dependemos de él. Que no se debe esperar nada de nadie, ni siquiera del tiempo, que te promete la luz y la calma después de la tormenta y sólo cumple la mitad. Pero tranquilos, escampará. Y llegará la luz, permitiéndonos ver el tiempo y sus putadas para no volver a caer en su juego. Llegará. A su tiempo.
Y amaneció.

Desde entonces temo al tiempo y a sus cambios, pero también sé que cada cambio viene a su tiempo, y aprendí a no vivir esperando, aprendí a vivir viviendo, aunque aún, cuando llueve, temo que no cambie el tiempo y que la luz, esta vez, no llegue a tiempo.